En
estos momentos en que todo mundo habla de un regreso seguro a clases, lo único seguro
es que no hay nadie ni nada seguro. La falsa idea de que íbamos a salir en
meses se esta convirtiendo en años y peor sabiendo que aún nos faltan por lo menos
dos años más, dado que la pandemia ha sido tan mal manejada que solo esta
dejando sillas vacías en muchos hogares mexicanos.
Raramente en la ya larga historia de la humanidad ha ocurrido una
situación de caos planetario como en los días actuales. Estábamos acostumbrados
a regularidades y al caos originado por situaciones catastróficas como los
sismos o tsunamis, huracanes, terremotos y eventos extremos de calor y de frío.
Tales fenómenos han llevado a los científicos a pensar e intentar comprender
cómo dentro del orden dado podían ocurrir situaciones caóticas. Pero el caos
llego en manera de virus, una partícula tan pequeña, invisible que tiene al mundo
en una situación tan delicada que nos hace cuestionarnos nuestra propia
existencia, y esta frase me remite a la película de macario en donde en una situación
en donde le muestra a macario el salón de las almas, nos vemos como simples
flamas, tan frágiles que un simple movimiento nos puede apagar.
El caos está en todas partes, en el universo, en la sociedad y en
cada persona. Es decir, los órdenes no son lineales y estáticos; son dinámicos,
y buscan siempre el equilibrio que los mantiene actuantes, sabiendo que el universo
se originó de un tremendo caos inicial y que la misma evolución se hizo y se
hace a lo largo de muchos milenios para poner orden en este caos. Mas aquí surge una novedad: el caos nunca es
sólo caótico, sino que guarda dentro de sí, en gestación, un nuevo orden.
Lógicamente tiene su momento destructivo, caótico, sin el cual el orden nuevo
no podría irrumpir. El caos es generativo de este nuevo orden y nos debe de
llevar a una nueva situación, tal vez sea una depuración que la misma naturaleza
este haciendo, sabiendo que la hemos destruido, herido, saqueado en cada rincón
del planeta, tal vez es el precio de este nuevo desarrollo que dicen que
tenemos en este momento. Pero es un precio muy caro el que se va a pagar.
Hacemos toda esta reflexión sumarísima para que nos ayude a
entender mejor el actual caos pandémico. Vivimos innegablemente en una
situación de caos completo, caos destructivo de millones de vidas humanas.
Nadie puede decir cuándo terminará, ni hacia dónde vamos. El virus deriva en
múltiples variantes; es su triunfo sobre nuestras células. Es innegablemente
caótico y está aterrorizando a toda la humanidad que nos plantea cuestiones
fundamentales: ¿qué hemos hecho con la naturaleza para que ésta nos castigue
con un virus tan letal? ¿Dónde nos hemos equivocado? ¿Qué cambios debemos hacer
en relación a la naturaleza para impedir que nos envíe una verdadera gama de
otros virus?
Así que lo que se ve en este momento es solo caos y destrucción,
falta lo económico que como se plantea será enorme, ningún país podrá resistir
otros 18 meses con una economía semiparalizada, los pobres dejarán de existir y
los ricos serán pobres, solo el 1% de la población escapa a estas características.
Por eso es tan importante replantear nuestra nueva normalidad y es vital que salud
y educación que son los pilares de este país sean protegidos por el gobierno,
nadie de nosotros esta a salvo hasta que no podamos disminuir la transmisión tan
intensa que se tiene en este momento.
Por ello el regreso a clases se vuelve casi imposible, pero debe
de hacerse porque es una obligación, una necesidad de cuidar a los jóvenes para
que sigan aprendiendo, pero también debemos de cuidar a los maestros y debemos
de plantear lo que se llama, un retorno seguro a clases, pero aun estamos lejos
de estar seguro. No se ve aun la luz al final del túnel.