México se encuentra inmerso en un
problema que no se le ve ni pies ni cabeza. La llegada de la navidad, antes
motivo de alegría por la llegada de gente cercana a las familias, puede
convertirse en un verdadero problema de salud pública. Esta no va a ser una Navidad común. De la misma manera
que este 2021 no fue un año como los demás. Después de muchos meses
sobrellevando pérdidas de todo tipo, mucha gente se siente frustrada y está
ansiosa por celebrar y por tener cierta ilusión de normalidad. Pero las medidas
restrictivas, así como las precauciones propias, van a limitar las reuniones,
los desplazamientos y los reencuentros de familias y amigos y quedara
siempre la duda a quien invitar a la casa, dilema que ahora se incrementa ante
esta nueva variante que nos viene a pegar en estas fechas que son importantes
para todos como sociedad.
Este año ha sido un año
signado por la presencia de un virus que nos ha vuelto más lejanos y poco
sensibles con los demás. Uno diría que ha sido un año extraño también por el
hecho de que hemos vivido con la siempre idea de no infectarnos, idea que
muchos traen a flor de piel, incluso suscribiendo cosas absurdas para sentirnos
invulnerables con el uso de las vacunas, situación que vino a complicar el
control es este virus y que hoy día se ha convertido en tema de polarización,
que ha hecho que la gente sea catalogada como vacunada y no vacunada. Pero entonces viene a nuestra mente lo que
esta pandemia nos mostró, nuestra fragilidad como especie y nuestra enorme
dependencia de los lazos sociales que antes habíamos dejado a un lado por
muchas situaciones, pero también ha servido para hacernos reflexionar sobre las
cosas que en realidad deben de importarnos, entonces nos viene la pregunta ¿Ha servido
esto para hacernos reflexionar en cosas que realmente importan? Y la respuesta
es no.
Puede que muchos de
nosotros individualmente nos hayamos hecho algunas preguntas insondables, que
inclusive hayamos cuestionado porque las decisiones políticas y económicas son
a veces tan difíciles de tomar, muchas veces hemos dicho que debemos de tomar decisiones
basadas en evidencia científica, pero esta tarda en llegar, muchas cuestiones tan
simples como el acceso a las vacunas se ha vuelto problema de seguridad
nacional, pero también hemos convivido con las torpezas en la toma de decisiones
de los diferentes gobiernos y hemos visto cada día como más sillas vacías están
en cada uno de los hogares
Lo que esta
pandemia ha venido a mostrarnos es que hemos desarrollado una preocupación paroxística
por esta vida, vida que no valorábamos, vida que vivíamos el día a día sin
preocuparnos, por sentirnos omnipotentes, semidioses y que hoy día el costo ha
sido muy alto. Es tal el miedo a morir que
solamente unas sociedades que no creen en otra cosa más que la mera vida, han
podido permitir el brutal sacrificio de las condiciones normales de una
existencia verdaderamente humana y plena.
Hoy empezamos un año
nuevamente casi con las mismas restricciones que cuando empezó esta pandemia,
parece ser que el ser humano no esta aprendiendo de esta dura lección y solo
nos queda preguntar, hasta cuando entenderemos lo frágil que somos como especie
y que hemos saqueado, deforestado y contaminado los ríos y mares, esto debía de
tener consecuencias y las estamos pagando, por eso se hace tan importante
construir sociedades pensando en una convivencia diferente con la naturaleza,
con nuestro mismo entorno y con las demás especies. Ha sido una lección muy
dura