Resulta doloroso para el país que millones de personas se debatan todos los días entre la posibilidad o no de comer; de acudir a una cita médica, de acceder a las medicinas que les permiten seguir con vida o evitar el dolor de padecimientos como el cáncer. Se trata de una realidad terrible que está obligando a millones a intensificar sus estrategias de sobrevivencia; y a otros más a aprenderlas debido a la desgracia en que han caído en los últimos meses.
La política económica y la política social de
México tienen que modificarse de manera sustantiva en el corto plazo; pero ello
requiere que el gobierno reconozca que la cuestión social que existía cuando
inició esta pandemia, es radicalmente distinta a la de ahora; y que eso demanda
una transformación radical, tanto del diagnóstico como de las medidas que deben
implementarse y que derivado del mal manejo que se ha hecho de esta pandemia,
nuestro país ocupa el 5º lugar mundial por mas defunciones y parece que a nadie
le importa los daños colaterales que esta dejando este manejo criminal de esta
crisis de salud, nadie habla de los miles de huérfanos y de como ayudarlos,
nadie habla de la pobreza que golpea a los hogares mexicanos y que este 2022 se
incrementara de manera alarmante, ello aunado a la crisis de salud mental que
se enfrente sin un rumbo y sin planes y aúnele la enorme ola de inseguridad,
robos y violencia que se vive día a día en nuestro país.
No podemos subestimar el poder del capitalismo
neoliberal: él es capaz de incorporar los datos nuevos, transformarlos en su
beneficio privado y usar para ello todos los medios modernos de robotización,
la inteligencia artificial con sus miles de millones de algoritmos y
eventualmente las guerras híbridas. Puede convivir sin piedad, indiferente, con
los millones y millones de hambrientos y arrojados a la miseria por un simple
capricho de los que están en este momento en el poder, insisto, el ciudadano es
invisible para ellos, son simples objetos inertes y sin sentido de libertad,
son como esclavos de usar y tirar.
Por otra parte, estamos los
que buscamos una transición paradigmática, dentro de la cual me sitúo yo, deben
proponer otra forma de habitar este espacio, con una convivencia respetuosa de
la naturaleza y cuidado con todos los ecosistemas, deben generar en la base
social otro nivel de conciencia y nuevos sujetos portadores de esta alternativa,
pero sin un cambio de paradigma y de una profunda revolución social y económica,
esto solo serán líneas.
Estamos inmersos en un
cambio de rumbo en el estado, pero no vemos en sus planes un verdadero rumbo,
los vemos carentes de sentido, de rumbo y de ideas coherentes, no entienden que
México no es el mismo de hace 2 años, en donde el ciudadano se sintió solo,
tuvo que vender, empeñar y malbaratar sus pertenencias en aras de cuidar la
salud de la gente que se enfermo por este minúsculo ser que los dejo en una
miseria de la cual será difícil salid, a esto aúnele la famosa austeridad
republicana que quiere mas pobres en todos lados, para ser clientes de un gobierno
en turno.
No señores, no es el rumbo
crear mas pobres a costa de programas que no funcionan, no es el rumbo empeñar
un estado en aras de un pragmatismo político que solo esta dejando sillas vacías
y pobres en todos los rincones del estado y para ello vemos como las diferentes
encuestas como la ENCOVID19, nos deja ver un panorama desolador en la materia:
sólo 31% de los hogares de México tenía condiciones de seguridad alimentaria;
es decir, dos de cada tres enfrentan condiciones que van desde el temor a
quedarse sin alimentos, hasta la materialización real de la disminución de la
cantidad de comida de que disponen para consumir.
Debemos ser capaces, frente a todo lo anterior, de
levantar aún más la voz y exigir una revisión profunda de las políticas
económicas y sociales porque, aunque las categorías de que disponemos no
reflejan a cabalidad lo extraordinario y grave de la situación, debemos ser
enfáticos en que México enfrenta uno de los periodos de mayor hambre,
enfermedad y muerte evitable, empleo precario y empobrecimiento masivo de la
población.
Hay que insistir: es la enfermedad y la muerte lo
que está amenazando gravemente a millones; y sería un despropósito que el
gobierno suponga que lo que hace basta o peor aún, que condenar al infortunio a
millones de hogares se justifica en aras de la defensa de un proyecto y una
visión particular del país.
Es tiempo de alzar la voz, es tiempo de exigir. De
ciudadanos para ciudadanos