miércoles, 16 de agosto de 2023

UNA PANDEMIA QUE NO ACABA

 UNA PANDEMIA QUE NO ACABA

Casi se han cumplido tres años desde que se desató la pandemia del COVID-19, es comprensible que sigamos impresionados por su impacto y que, a la vez, estemos ansiosos de volver a la normalidad, que definitivamente cada día se ve más lejana, por lo menos a la normalidad a la que estábamos acostumbrados. Esto es definitivamente cierto para los sistemas de salud de América Latina, que han sido muy golpeados por la crisis y que están luchando por recuperarse ante una actuación deficiente por parte de la clase política que solo se dedico a saquear el sistema de salud y aunado a la pandemia, esto se volvió un vórtice en cuanto a dinero destinado a salud y que termino en lugares no identificados.

Pero, ¿cómo debería ser esa recuperación en su sistema corrupto? Aunque es tentador sentir nostalgia por los tiempos pre-pandémicos, ellos no fueron exactamente años dorados para México. De hecho, los sistemas de salud funcionaban mal en términos de calidad de la atención, eficiencia y equidad, y en términos de los resultados en la salud de los pacientes. Muchos también presentaban deficiencias estructurales y poca resiliencia ante las crisis. En síntesis, la vieja normalidad no era la mejor opción para los sistemas de salud, si bien en México teníamos un seguro popular, este funcionaba y debería de haberse mejorado antes de haber pensado en su fin, ahora en este momento México enfrenta problemas serios al pretender crear un sistema universal de salud, mismo que encuentra serias deficiencias en términos de equipamiento, de recursos humanos y de apoyo financiero.

En México, la nueva normalidad mostro progresos y problemas en esa vieja normalidad previa a la pandemia. El acceso a la atención y la protección contra riesgos financieros mejoraron, pero quedaron sin resolverse problemas relacionados con la creciente importancia de las enfermedades no transmisibles y las enfermedades crónicas, con el gasto insuficiente e ineficiente en salud y con la baja calidad de la atención. También se registraban debilidades en funciones básicas de los sistemas de salud, como los sistemas de pago, los recursos humanos, las compras de suministros y el control de enfermedades.

La pandemia tuvo un efecto muy fuerte en términos de infecciones, de muertes y de la disrupción causada. Además, el reporte insignia de salud del BID contiene tres grandes aprendizajes sobre el impacto de los servicios de salud no vinculados al COVID-19, los resultados sanitarios y el gasto público.

1.      La pandemia fue disruptiva para el uso de la atención médica en todos los ámbitos, pero con mayores caídas en servicios que pueden ser considerados menos críticos o más fáciles de posponer, como aplicación de vacunas, exámenes de detección de cáncer y atención de enfermedades crónicas. Hubo menos disrupciones para la atención que no puede ser pospuesta, como los partos. Esas caídas se deben principalmente a factores de demanda y oferta, como pacientes que preferían evitar los centros de salud y sistemas de salud estresados. La necesidad de atención médica disminuyó sólo para algunas condiciones, como las enfermedades respiratorias y los accidentes de tránsito, que pueden haberse beneficiado de políticas como el uso de mascarillas y la movilidad reducida.

2.      Los efectos de la pandemia sobre la salud son sustanciales y tendrán repercusiones a largo plazo. La mortalidad y morbilidad relacionada con el COVID-19 fueron considerables y distribuidas de manera desigual. También hay muchos efectos indirectos, como un aumento de la malnutrición aguda en niños y más cánceres sin detectar. Y, con el long COVID, la pandemia también trajo una nueva condición que los países y sus sistemas de salud todavía deben enfrentar.

3.      El gasto en salud deberá aumentar para afrontar la necesidad acumulada de atención, restablecer servicios y mejorar el control y respuesta a pandemias. El gasto en salud per cápita habría crecido entre 2 y 3 por ciento anual hasta 2050. La pandemia puede hacer que ese gasto aumente aún más.

En síntesis, la pandemia tuvo un impacto devastador con consecuencias de largo plazo que, por un lado, se deben a los problemas y vulnerabilidades preexistentes de los sistemas de salud y, por el otro, contribuyen a agravarlos. También exacerbó la desigualdad y originó nuevos desafíos aunado a desafíos políticos, puesto que son los mismos políticos que han insistido en que salud es un sistema problemático y que hay que reformar, aunque para ello se pasen por encima de las condiciones de trabajo y con las nuevas reglas muchos de ellos quedaran sin empleo.

Veamos como termina esto.

LOS PROBLEMAS DE DURANGO

 Durango enfrenta diversos problemas que afectan su desarrollo social, económico y ambiental en el contexto actual. Estos desafíos reflejan ...