El neoliberalismo
gravemente herido
En estos momentos, el mundo vive una época de gran
desconcierto, es más importante lo que piense o diga x personal que la vida de
miles que están siendo aniquiladas día a día por causa de un virus del cual
desconocemos mucho y resentimos todo. Hoy
los sistemas económicos están colapsados, ninguno ha sido capaz de mantener un
orden económico eficiente y sustentable, de una economía de mercado hemos
pasado a una sociedad de mercado. En ella las cosas inalienables se
transforman en mercancía: Karl Marx en su Miseria de la Filosofía de 1847, lo
ha descrito bien: Cosas intercambiadas, dadas, pero jamás vendidas… todo se ha
vuelto venal como la virtud, el amor, la opinión, la ciencia y la conciencia…
todo se ha vuelto vendible y llevado al mercado, hasta los mismos sentimientos
se han vuelto a capricho de la mercadotecnia.
Pero somos nosotros como seres humanos quienes nos
hemos adentrado en el modo capitalista, en donde hemos roto todos los lazos con
la naturaleza, convirtiéndola en un baúl de recursos, a la cual la consideramos
casi inagotable y que es un ser inerte que no reacciona pesar de estar saqueando
todo, destruimos los ríos, los bosques, los mares, somos una serie de humanos
en los que la naturaleza no la hemos valorado, y resulta que un viejo y
limitado planeta no puede soportar un crecimiento ilimitado ni un saqueo
permanente.
Es por eso que este virus cayó como un meteoro
rasante sobre el capitalismo neoliberal desmantelando su ideario: el beneficio,
la acumulación privada, la competencia, el individualismo, el consumismo, el
estado mínimo y la privatización de la cosa pública y los bienes comunes. Ha
sido gravemente herido. Es este sistema y nosotros mismos los que hemos
producido demasiada iniquidad humana, social y ecológica, hasta el punto de
poner en peligro el equilibrio mismo del plantea. Pero seguimos sin entender. Hoy
mismo leemos en las noticias que hay un muerto cada dos minutos y es mas importante
cuidar los equipos de protección de los equipos de salud que la vida misma. Ese
es el precio de un capitalismo que nada le importan salvo sus mismos intereses.
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