miércoles, 23 de diciembre de 2020

LA INDIFERENCIA DE MUCHOS

 

México es de los países que menos ayuda ha dado a su población y a sus empresas para afrontar el impacto económico de la pandemia; en conjunto representan menos del 1 % del PIB. La mayor parte de los recursos públicos distribuidos a la población fueron diseñados más de un año antes del inicio de la pandemia y ese diseño no ha sufrido modificación. Por contraste en Brasil la ayuda fiscal otorgada es de un 11.8 % del PIB.

Brasil y México, con 807 y 805 fallecimientos por millón de habitantes, respectivamente, los mayores países de Iberoamérica, bajo la conducción de sus presidentes que, junto con Trump, rehúsan utilizar el cubrebocas, son países paradigmáticos de este escenario con altos números de infectados y fallecimientos y con un decrecimiento esperado de su PIB del 9 y 10 %, respectivamente, según el FMI.

La curva de nuevos infectados diarios en nuestro país, presenta altibajos y se rehúsa a un descenso franco, lo cual no es sorprendente dado que las medidas de control, en vez de incrementarse se relajaron y se llevó a cabo una apertura prematura de la economía, que necesariamente alargó la Mitigación. la llamada “Jornada Nacional de Sana Distancia”, la primera fase de la estrategia ante la pandemia que recomendaba medidas de paralización de actividades económicas no esenciales, distanciamiento social e higiene, fue terminada abruptamente el 30 de mayo con 10 000 muertes y 90 000 casos, para dar paso a “La Nueva Normalidad”. Actualmente México ocupa con cifras oficiales el 4.º lugar mundial en fallecimientos, más de 119 000.

La estrategia de México, después de un arranque confuso, ha tenido por objetivo declarado mantener una ocupación de camas de cuidados intensivos por debajo del 100 %.

Esto se ha logrado de dos formas: primera, no admitiendo en los hospitales a pacientes si no presentan una situación extrema y segunda, dada la altísima tasa de fallecimientos en dichos hospitales como una consecuencia de lo anterior, a que los propios pacientes prefieren no acudir a esos centros hospitalarios y atenderse y, tal vez, morir en casa. Así, buena parte de la capacidad de atención de cuidados intensivos permanece ociosa en tanto la población que la requiere muere sin utilizarla, tal y como lo han señalado Julio Frenk y Octavio Gómez Dantés.

La estrategia no incluye la aplicación masiva de pruebas. De 198 países con datos sobre el número de pruebas, México ocupa, con 2.6 pruebas por cada caso infectado confirmado, el lugar 195 con menor número. Como se ha dicho el número promedio a nivel mundial es de 82 pruebas por cada caso infectado confirmado. Costa Rica y Argentina ocupan los lugares 193 y 194, en tanto que Bolivia y Honduras, los lugares 196 y 197.

Esto trae dos consecuencias: primera, el rastreo de casos que es la herramienta principal de control epidemiológico bajo el mando directo de la autoridad sanitaria queda seriamente afectado y, segunda, la estimación del número de casos infectados confirmados se halla muy subestimada. Al inicio de la pandemia, según las propias autoridades sanitarias, del orden de 8 veces, ahora se estima puede ser de 25, si es asi, entonces hay que multiplicar los 119,000 fallecidos que nos da un numero que esta fuera de toda proporción, quiere decir que han fallecido por una u otra causa cerca de 2,975,000 mexicanos. Esto, a su vez, implica un combate a ciegas de la pandemia, sobre todo en el ámbito geográfico. Por otro lado, al comparar las cifras de mortalidad general del Registro Civil de periodos homólogos de 2019 y 2020, se observa un exceso de fallecimientos en 2020, atribuibles en su mayor parte al covid-19, que indican una subestimación de la cifra oficial de entre 2 a 4 veces. Aunque la subestimación de las cifras, en distintos grados, es un fenómeno común en muchos países, parece que la de México marca un extremo.

En una especulación cautelosa, con los factores de corrección de fallecimientos.

La inminente aplicación de vacunas tomará una parte importante del año 2021 y, tal vez, del 2022 para alcanzar la anhelada inmunidad de rebaño y con ello controlar la pandemia. Por ello, se requerirá de un esfuerzo serio y continuado de los países, tanto los que han alcanzado la contención como los que aun deben alcanzarla, para poder mantener controlado el virus en estos meses que aun nos faltan antes de conseguir una inmunidad de rebaño, no hacerlo significa una falta enorme de sensibilidad social ya que ello acarreara un costo de vidas, un costo económico y un costo social muy alto para cualquier gobierno, por ello es que se solicita a quienes toman decisiones que hagan mas pruebas a la población para poder saber a que nos enfrentamos y obvio exigimos a la sociedad que se comporte a la altura de esta pandemia, no hacerlo es una falta total de civilidad y un atentado a los servicios sanitarios.

 

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