Cuando se hablan de los ideales democráticos son muchos los espíritus liberales, que aseguran que no hay que oponer democracia directa y democracia representativa, sino que en la democracia participativa caben ambos modelos de democracia: la representativa y la directa. Pero a la hora de la verdad, si pedimos una mayor explicitación, nos damos cuenta de que este modelo ideal de democracia se reduce a la prioritaria y más amplia democracia representativa, en cuyo marco se situarían algunas expresiones de la democracia directa.
La democracia directa complementa
en pequeñas dosis, que cumplen una inapreciable función legitimadora, a la
dominante democracia representativa, a modo de breve apéndice de un amplio
texto escrito. Una amplia democracia representativa con una marginal democracia
directa para algunos contados casos. En una democracia ciudadana la
participación del ciudadano se da en distintos terrenos: en la democracia
representativa (eligiendo a los representantes políticos), en la democracia
directa (decidiendo sobre asuntos políticos relevantes), en la democracia
participativa (formando parte de grupos ciudadanos de acción política).
Situar la participación política en
el ámbito de la democracia representativa, a modo de corrección de la misma, es
tener un sentido estrecho y extemporáneo de participación. "La democracia ha
de ser vista en el marco de una democracia representativa siendo esta vista mas como un proceso de
corrección de lo que hay que como la construcción de un modelo alternativo...
Participar es hoy contribuir a la
corrección de los vicios y miserias de la representación".
No creo que la participación deba
tener hoy precisamente tan cortas alas. Sin cirugía legal a fondo, sin modelos
alternativos, poco podemos avanzar.
La virtud cívica del ciudadano de
frente es que comporta también la responsabilidad, derivada de la participación
en esta elección.
La responsabilidad ciudadana viene
de una respuesta compensatoria a los beneficios de la propia sociedad, en
primer término, pero sobre todo debe venir del privilegio que ostenta el
ciudadano para participar y tomar decisiones políticas. Es ilógico no responder
ante las decisiones que uno ha tomado. Si la escena pública permite participar
al ciudadano, éste ha de ser obviamente responsable con una conducta consonante
con lo decidido políticamente. En una democracia ciudadana, como la que aquí se
diseña, con altos niveles participativos, la responsabilidad es una exigencia.
En una democracia meramente representativa al uso tiene mayor justificación la
actitud de irresponsables ciudadanos apáticos, que hemos definido como
ciudadanos de perfil, en donde en Durango abundan y se ven en todos los
partidos.
Hoy que estamos a 17 días de que se
elija el cambio en este estado, es cuando más debe de estar y sentirse el
ciudadano representado en el gobierno, la verdad no es así, hasta hoy las cosas
se siguen manejando por los mismos grupos, los mismos intereses y las mismas
decisiones que en nada benefician a los de a pie. Por eso es importante el llamado a votar para
tratar de hacer un cambio. Para lograrlo
se quiere un gobierno ciudadano y responsable y en donde se tome al ciudadano
en cuenta, no que lo haga a un lado como siempre ha pasado.
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