Una de las principales razones por las que la población busca servicios de salud privados, es por el diseño del sistema de salud. La seguridad social está condicionada al estatus laboral, por lo que si un trabajador pierde su empleo formal deberá pagar por servicios de salud mientras se afilia al Seguro Popular o a otro sistema. Por esto, se estima que un tercio de las personas reemplazan a su médico cada año porque cambian de empleo, lo que interrumpe la continuidad de la atención médica y las acciones de prevención a la salud.
En México se está gestando una crisis de salud pública
que podría tener consecuencias socioeconómicas trascendentales para las
familias y para el país. Por un lado, las enfermedades crónicas son cada vez
más frecuentes, en gran medida por el envejecimiento de la población y por los
factores de riesgo que presenta la población joven como la obesidad y el
sedentarismo. Por el otro, el Sistema Nacional de Salud (SNS) está fragmentado
y es uno de los que tiene mayores deficiencias de financiamiento público en el
mundo: en 2016, destinó 5.8% del PIB a salud, del cual sólo 3% fue gasto
público.
A pesar de las reformas que se han hecho con miras a
la universalización del acceso a los servicios de salud, hoy más de 16 millones
de mexicanos carecen de algún tipo de protección financiera en salud (lo que
equivale a 13% de la población). Además, según datos de la OCDE, 41% del gasto
total en salud corresponde a gasto de bolsillo.
Un estudio de Xu et al. (2010) muestra que tanto un
gasto público menor a 5% del PIB como una proporción de gasto de bolsillo
superior a 20% del gasto total en salud aumentan considerablemente la
proporción de hogares con gastos catastróficos en salud. Esto último se refiere
a hogares que destinan más de 40% de su gasto de no subsistencia para cubrir
servicios de cuidado de la salud, lo cual puede tener implicaciones
patrimoniales serias para los hogares. México cumple con ambas condiciones.
El sector salud es clave para la competitividad del
país, pues estimula el ingreso personal y nacional a través de una serie de
efectos en educación, inversión, productividad, disponibilidad de recursos y
demografía. no invertir en salud es dejar a la deriva a la nacion.
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