La pandemia ha provocado cambios en las personas y en las instituciones, incluyendo al gobierno, pero lo que empieza a preocupar es esta etapa posterior, ya que debe de ser una de nuevos desafíos a los que el Estado tendrá que responder.
La pandemia del coronavirus ha trastocado todas
las agendas gubernamentales de los Estados, tanto de los nacionales como de
los estados, más allá de las ideologías políticas de sus gobernantes de turno o
del desarrollo económico y social de cada uno de los diversos actores políticos.
Consecuentemente, se han cuestionado los marcos teóricos y los modelos
metodológicos para el diseño y la gestión de políticas públicas. Atento a ello,
es necesario que redefinamos el rol del Estado en relación con dichos procesos,
para salir de la pandemia y, sobre todo, para la pospandemia que ha iniciado
una enorme ola de quebrantos de los que en este año 2023 empezaremos a ver.
En Latinoamérica, la pandemia ha demostrado que los excesos
neoliberales son parte del problema y que el Estado populista no es parte de la
solución. El neoliberalismo promueve un Estado ausente que ajusta sin
eficiencia, mientras que el populismo propicia un Estado omnipresente que
reparte sin eficacia. Ambos fracasaron. Desde una política ciudadana, hay que
rescatar el rol del Estado como responsable principal de las políticas
públicas. Para recuperar la confianza perdida por la ausencia o la
omnipresencia estatal, tenemos que innovar su rol.
La pandemia de coronavirus volvió a colocar en el
centro de la discusión de nuestras sociedades el problema de los miedos
colectivos. Este tema no es nuevo en la historia de la humanidad. Durante el
medioevo, las pestes provocaron que las ciudades se replegaran y se prohibiera
el ingreso de extranjeros que eran sospechosos de provocar contagios, ya que la
muerte estaba en todas partes, en la vida, en el arte, en la literatura. Pero en
particular esta pandemia que estamos transitando ha inaugurado una nueva clase
de miedo: el miedo global. Por ello, estas angustias, pánicos y temores son más
intensos y complejos que los anteriores, producto de la globalización.
Para muchos, el miedo global es un temor totalizante
sentido por todos los habitantes de un colectivo, ante la expectativa de una
enorme cantidad de muertes que, potencialmente, y de hecho, estuvieron
sucediendo, especialmente en los primeros años de inicio de esta pandemia,
vimos situaciones como en Italia, la india, ecuador y demás países que esta
pandemia dejo una sociedad que no creía y demostró la ineficacia de las
acciones de los diversos países.
Además, esta pandemia es la primera que se vive en un
tiempo on line. Es por
ello que las conexiones globales crean una expectativa de sobreinformación
respecto de los contagios, internaciones, camas ocupadas y muertes, que son
vividos como algo cercano, aunque se desarrollen a miles de kilómetros de
distancia. Los cambios acelerados por la pandemia provocados en las sociedades
nos pusieron en alerta también sobre los posibles efectos que las cuarentenas
podrían tener en relación con una amenaza autoritaria que impactara en las democracias
occidentales. Como muchas veces señalo la misma OMS, la necesidad de medidas de
aislamiento forzado aplicadas por los gobiernos de gran parte de los países
llevó a pensar que los regímenes políticos autoritarios podían destacarse en la
aplicación de medidas más eficientes para combatir la enfermedad. Esta
situación puede ser analizada también a partir de lo que Rosanvallon nos
planteó respecto de que, de unas décadas a la fecha, se observa que el fenómeno
de la “presidencialización” de la democracia no es más que la consecuencia de
una evolución política más profunda: el enorme crecimiento del Poder Ejecutivo
en el entorno populista. Y es desde ese poder que la ciudadanía espera que se
gestionen positivamente las condiciones de sus actividades y de su vida
personal. La pandemia no ha hecho más que mostrarnos el máximo impacto de estas
tendencias y desnudo la inacción de los estados, al dejar de lado medidas mas
eficaces que las que algunos países impusieron con la consiguiente perdida de
vidas.
Hoy dia debemos de ser mas analíticos, el
neoliberalismo nos dejo a la deriva y el populismo nos dejo sin empleo. Hoy podemos
decir que los dos rumbos están equivocados, es tiempo de pensar mas del lado de
los ciudadanos, un gobierno que incluya y no que excluya, un gobierno que escuche
y no que reprima. El cambio esta en ti .
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