Después de las diferentes marchas del día de ayer en diferentes partes del país, ahora es importante preguntarnos ahora qué Estado queremos. Porque descubrir qué Estado nos falta, es lo que nos pone, en gran medida, en condiciones para discutir sobre este estado fallido en que vivimos hoy y entonces estar en condiciones de saber a dónde podemos construir este estado. Sobre las condiciones para lograr un Estado que sea capaz de producir y cuidar lo que nos es común. Eso que nos hace comunidad en la diversidad que se muestra diariamente en barrios, sindicatos, clubes, empresas, partidos políticos, movimientos sociales; diversidades étnicas, culturales, religiosas, lingüísticas, de género, etc. Construir lo que nos es común rejerarquizando a la igualdad como valor y a la solidaridad como regla es decisivo, indispensable, en tiempos de creciente desigualdad y fragmentación social como las que vivimos hoy día.
Pero entonces ¿Cuál es el Estado “faltante” que nos mostró la pandemia todos estos años? Hasta hoy vimos en acción algunas de las incapacidades del Estado que teníamos. Observamos muchas dificultades para distribuir con eficacia y efectividad los costos de la pandemia, y para lograr que muchos sectores, incluso los que más tienen, acepten resignar una parte de lo propio, aunque lo que esté en juego sea la vida del otro. Muchas de estas carencias del Estado fueron puestas en evidencia y potenciadas durante la pandemia, por las rupturas de todo tipo que la misma produjo, pero venían siendo arrastradas desde mucho antes. Lo que hizo la pandemia fue volverlas más visibles, y en muchos casos, mucho más graves. Vimos a un Estado que, aún replegado sobre sus funciones esenciales como es la preservación de la vida, la salud, la alimentación, sólo pudo cumplirlas parcialmente.
Hubo áreas completas
que no encontraron o que no cumplieron su rol en la crisis; muchas dificultades
de articulación y coordinación entre las distintas áreas como las sociales, políticas, económicas y en los diferentes niveles del gobierno ya sea
federal o estatal, y al interior de los mismos; y hasta Estamos acostumbrados
que en estos tiempos de crisis porque así lo indica el sentido común sobre el Estado,
a pedir o “menos burocracia” o una “burocracia autónoma” de las influencias,
presiones y tensiones de la sociedad. Sin embargo, la pandemia nos mostró que
la capacidad estatal no está vinculada necesariamente con el aislamiento del
Estado.
Por el contrario, en
muchos casos, la vinculación previa de distintas agencias y burocracias
estatales con actores más o menos organizados de la sociedad como lo son los sindicatos, organizaciones de
trabajadores desocupados, movimientos sociales y políticos, etc., potenció
notablemente la resolución de los problemas más graves y urgentes. Aquí, el
área social fue un ejemplo claro, pero no fue la única.
Hoy requerimos de un
nuevo estado, dinámico, incluyente y no excluyente, que construya acuerdos y no
desconstruya y corrompa a la misma sociedad como lo hicieron en el pasado.
Hoy debemos de construir
un mejor estado, no es por ti, es por los que aun no tienen capacidad de
decidir.
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