México se encuentra inmerso en una lucha de
poderes entre los diferentes partidos políticos, ello ha ido en detrimento de
muchos de los sistemas que componen el México de hoy. Uno de esos temas es
salud en donde uno de los temas más controvertidos de las reformas del
presidente López Obrador ha sido la creación del IMSS Bienestar y el fracaso
del INSABI. Este nuevo organismo sustituyó al Seguro Popular y tenía como
objetivo atender de manera gratuita a las personas sin acceso a la seguridad
social sin cobrar cuotas y buscando universalidad. Sin embargo, el sistema de
salud de la 4T ha sido blanco de críticas por parte de la oposición y ex
funcionarios del gobierno en donde se hacen señalamientos puntuales acerca de
la falta de medicamentos, de la federalización de los sistemas de salud
estatales y a la desatención de enfermedades como cáncer diabetes e hipertensión.
En este punto es necesario transformar de
fondo el modelo público de servicios de salud en México, pues el sistema de
salud actual posee dos deformidades de origen incorregibles a través de
reformas. Estas deformidades son: en primer lugar, el planteamiento legal del
derecho a la atención de la salud exclusivamente para los trabajadores del
sector formal, dejando desprotegido el resto de la población; y en segundo
lugar, la estructuración de la enseñanza y los servicios médicos según un
modelo de medicina especializada y curativa, lo que conlleva acciones de alto
costo y poca efectividad. Aunado a ello se encuentra el cambio demográfico y epidemiológico
vigente en todo el mundo, el cual plantea necesidades de salud actuales y
futuras que no empatan con la oferta de los servicios médicos de nuestro país.
A pesar de que la disolución de las deformidades originales que se plantean
implica modificaciones en rubros tan complicados como la política, la economía
y la legalidad, a corto plazo debemos aspirar al menos a la constitución de un
sistema de atención primaria universal, para lo cual debemos aprovechar los
recursos materiales y humanos que el país ya tiene.
Es preciso desenredar las cosas, distinguir
con claridad las tareas de la salud pública y de la atención médica y redefinir
los roles organizacionales e individuales, de manera tal que se puedan
establecer responsabilidades claramente vinculadas a resultados. Es
indispensable mirar hacia nuestro entorno y mirar hacia delante. México merece
un buen sistema de salud. Es necesario introducir estándares de calidad y
competencia; la empresa pública no tiene por qué operar con números rojos o
convertirse en un nicho de impunidad.
En México necesitamos un nuevo sistema de
salud; para ello será necesario convocar a una amplia discusión y participación
de la sociedad; será necesario anteponer el interés colectivo a los intereses
de grupos específicos y de partidos; será necesario ahondar y explorar en los
beneficios del federalismo y avanzar en la descentralización; pero sobre todo
será necesario creer en nosotros mismos y dejar en claro que la salud es una
necesidad común para todos y no es una responsabilidad de un solo grupo político,
es necesario que los políticos entiendan que tienen secuestrada salud y que en
esos términos es imposible crear un sistema de salud incluyente, es necesario
que se quiten los enormes boquetes que ha dejado la corrupción en salud, pero
hasta que no haya un sismo que haga que los políticos vean lo frágil y
desarticulada que han dejado al sistema de salud, entonces tal vez entiendan
que es deber de los que toman las decisiones, el construir un mejor sistema de
salud incluyente y gratuito.
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