Dicen los políticos que sin partidos no hay democracia, pero la democracia de partidos no es la que conviene al ciudadano y los partidos muestran cada día un comportamiento gansteril en sus niveles de funcionamiento, los partidos están fallando en su capacidad de gestión y en la de generar e implementar soluciones adecuadas, pero están fallando en su capacidad de representar a la ciudadanía y dar sentido a la democracia sosteniendo la legitimidad del sistema.
Esto ocurre porque en las democracias del siglo XXI los
partidos enfrentan incentivos perversos que orientan a buscar el poder a costa
de atacar a sus adversarios convertidos en enemigos. En una campaña electoral,
la disputa política se aborda como si se tratara de un campo de batalla en el
cual la misma supervivencia de la nacion o de los valores democráticos estuvieran
en juego de manera constante. Una vez en el gobierno, las oposiciones tienen
pocos incentivos para cogobernar o acompañar la gestión y muchos más para
erosionarla y así crear las bases para su posterior acceso al poder, la disputa
política se aborda como si se tratara de un campo que va minando al electorado
se encargan de hacer evidente las fallas del contrincante para tratar de
construir un antisistema.
En teoría, la democracia funciona cuando esta todo en orden,
en lo referente a la representación y participación ciudadana, porque esto
cohesiona mas a los partidos políticos a través de las demandas ciudadanas, es
por eso que vemos hoy en día como actores políticos se ponen a enchular calles,
a imitar programas de televisión, haciendo burla de lo que el ciudadano quiere,
y transformando la actuación política en una campaña televisiva, en donde se
les catafixia lo que necesitan en una simple tómbola política. Así y en ese
punto los actores políticos han denostado la capacidad política del estado.
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