La ciudadanía cuyo significado ha variado históricamente desde Aristóteles hasta nuestros días en el mundo moderno se define a partir de la membresía a una comunidad política circunscrita a un Estado-nación, un Estado multinacional o una estructura de mancomunidad de naciones, donde el régimen político de la soberanía está circunscrito a un territorio y se desenvuelve a través de procedimientos administrativos formales-racionales dependientes de la formación democrática de un grupo de personas más o menos homogéneo culturalmente. Dicho de otro modo, la ciudadanía no puede entenderse fuera de la articulación de la inclusión y la exclusión del ámbito político.
A mediados del siglo XX, el sociólogo inglés
Thomas H. Marshall, basándose en la experiencia histórica británica, hizo
pública su definición de ciudadanía sobre la base de tres dimensiones: civil,
política y social. La ciudadanía civil, incluye los derechos necesarios para la
libertad individual sintetizados en la libertad de expresión, de pensamiento,
de tránsito, de asociación, de acceso a la justicia. La ciudadanía política, se
refiere al derecho de elegir y ser elegido (derecho de sufragio y de participar
en parlamentos soberanos). Y, la ciudadanía social, alude a todo un abanico de
derechos que van desde el mínimo bienestar económico y de seguridad, hasta el
acceso a un patrimonio y una herencia común, que abarcan todo el espectro
social destinados a permitir una porción de bienestar económico y seguridad
para participar plenamente del patrimonio social y para vivir la vida de un ser
civilizado, conforme los estándares prevalentes en la sociedad,
En ello radica el poder de los partidos políticos,
en donde si usted no forma parte de algún partudo político, es uno un fantasma
sin voz ni voto y a la deriva de las decisiones políticas que se les ocurra a
los genios en turno. Así vimos como el sexenio pasado se saqueo y se les dijo
incansablemente que la falta de dinero en el estado se debía porque la federación
no mandaba el dinero, pero nunca dijeron que ese dinero se iba directamente a los
bolsillo de algunos políticos y ahora para hacer que estos regresen el dinero
esta en un verdadero trabuco político porque nadie quiere que se regrese el
dinero.
Es esa la clase política que queremos que este
en el gobierno por 6 años más, yo creo que no, si bien es cierto que no queremos
estar como argentina ni como Venezuela, es hora de limpiar al estado de la
enorme corrupción que han dejado todos los actores políticos. Es tiempo de
limpiar la casa.
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