Anhelar un sistema
político más incluyente y plural, más democrático, pasa por reconocer las
estrategias institucionales de dominación y en particular las sutiles vías de
las que nos hemos valido para cimentar nuestros modelos de Estado-nación. Habrá
que recordar que la democracia no se limita a la mera representación, al
ostentar un cargo de elección popular, y mas en este estado en donde el poder
que prevalece es el del ejecutivo y se hace lo que el ordene y mande. Durango se
encuentra lejos de una democracia plural e incluyente y en donde prevalecen por
encima de todo los intereses de ciertos grupos que en nada le interesa el
desarrollo de este estado, aunque se vistan de democracia.
En todo caso, bien vale la pena evaluar los
mecanismos institucionales que tradicionalmente han servido para tender puentes
entre ciudadanía y gobierno. Es momento de asumir que existe una democracia a
medias, confeccionada bajo parámetros canónicos y occidentales que, sin duda,
han podido expresarse a través de diversos contextos, generando una falsa
noción de cambio, de evolución; pero que, en el largo plazo, ya no resultan tan
valiosos, pues las buenas intenciones rayan en el servilismo y la condescendencia,
y los escasos triunfos de nuestra democracia se tornan más bien dudosos.
Mientras tanto, los movimientos alternativos resisten, se organizan, se hacen
escuchar a través del silencio, continúan su lucha, e insisten en que se les
deje de tratar como incapaces y diferentes, como personas extrañas que no
pertenecen a un país en donde el reconocimiento a la diferencia cultural de los
diversos pueblos es la base del principio de pluriculturalidad de ese
territorio que por costumbre llamamos México.
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