Para hablar de crisis en
salud, debemos de remitirnos a que nunca en lo que yo me acuerde se había vivido
una situación como la que se tiene en este momento. La falta de insumos, equipos
médicos, medicina y de personal medico es evidente en el sistema de salud
estatal, “No se puede mejorar lo
que no se controla; no se puede controlar lo que no se mide; no se puede medir
lo que no se define”. Es una frase atribuida al experto en calidad William E.
Deming y que ha sido adoptada desde hace ya varias décadas en el área de la
salud en el mundo.
En México vemos como
tenemos un sistema de salud anquilosado, atrapado en una visión y en una
retórica de la época postcardenista, donde la escasa inversión para la salud y
la falta de planeación, objetivos y seguimiento a indicadores clave muestran a
nuestro país en una situación muy precaria.
En México es evidente que
la desigualdad económica y la pobreza son factores determinantes que limitan el
acceso a servicios de salud de calidad. Mas de la mitad de los mexicanos vive
en condiciones de pobreza, lo que restringe su capacidad para prevenir y tratar
enfermedades. Además, la calidad de la atención médica varía considerablemente
entre el sector público y privado, con disparidades especialmente notables en
áreas rurales.
La inversión en salud per
cápita en México, de 1,181 dólares al año, es menor en comparación con otros
países del G20, solo superior a la de India (70 dólares), Indonesia (120
dólares), Sudáfrica (600 dólares), China (583 dólares) y Rusia (774 dólares), y
muy por debajo del gasto promedio del G20, que es de 2,895 dólares anuales.
Esto limita en mucho la capacidad del sistema de salud para responder
adecuadamente a las necesidades de la población cada vez mas creciente y
exigente de lo que se las ha prometido durante mas de 6 años, un sistema de
salud digno. La esperanza de vida en México fue de tan solo 75.4 años, contra
80.3 años, que es el promedio de la OCDE. Mientras las tasas de mortalidad
disminuyeron en la mayoría de los países de la OCDE desde el año 2000,
aumentaron en seis, además de México: Japón, Costa Rica, Corea, Chile, Colombia
y Turquía.
Una vez más, aunque la
pandemia afectó a todos los países, el desempeño de México es considerablemente
peor que el promedio, siendo el último lugar en la realización de mastografías,
con un descenso de más del 58% comparado con 2019. En la detección de cáncer
cervicouterino, México se queda en los 5 últimos lugares con un descenso de
casi 40% en el periodo del 2011-2021.
La cobertura de los
servicios de salud en México puede calificarse como verdaderamente lamentable,
con tan sólo el 72.4% de la población protegida, contra el promedio de la OCDE,
que casi alcanza el 98%. Vale la pena recordar la gran afectación que tuvo la
pérdida del Seguro Popular entre la población que dependía de ese sistema de
salud.
Hay quienes argumentan
que esta situación no es nueva y que hay un contexto histórico en ello; sin
embargo, desde hace más de cinco años que vivimos con la promesa de un sistema
de salud “como el de los países nórdicos, como el de Dinamarca”. Esto no ha sucedido.
Hoy, más que nunca, existen instrumentos y organizaciones que se dedican a la
medición. Hoy en día los malos resultados no pueden seguir ocultándose.
Seguir tomando decisiones
de manera visceral, guiadas ante todo por una ideología, seguirá colocando a
México en una situación terriblemente vulnerable en materia de salud, y, por
supuesto, nos alejará cada vez más de un sistema en el cual los mexicanos puedan
tener un acceso digno a los servicios médicos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario