La inversión pública de México en su sistema de salud,
aumentando de 2.4% a 3.2% del PIB entre 2003 y 2013, no ha logrado traducirse
en una mejor salud ni en un mejor desempeño del sistema como se hubiera
deseado. Un programa de reforma continua y exhaustiva es necesario. México
necesita un sistema de salud equitativo, eficiente, sustentable y de alta
calidad. Esto no podrá lograrse con la fragmentación actual en la estructura de
atención de salud, ya que existen diferentes niveles de atención para
diferentes grupos, a diferentes precios y con resultados diferentes. En su
lugar, México requiere un sistema de salud funcional unificado donde el acceso
esté determinado por la necesidad y no por la situación laboral. Los individuos
deberían tener alguna opción sobre el asegurador y el prestador, para impulsar
la eficiencia y la mejora continua de la calidad. Este estudio presenta las
recomendaciones de la OCDE respecto a los pasos que debe tomar México para
lograr esto. Es esencial que la modernización empiece ahora. En caso contrario
el sistema mexicano de salud, ya sea debido a la no sostenibilidad financiera
de algunas instituciones o a la avalancha de recursos de amparo por los
derechos de atención a la salud, corre el riesgo de estar envuelto en una
crisis.
Las sociedades se enfrentan a una demanda de servicios de
salud que resulta creciente, en gran medida, debido a los cambios demográficos
y epidemiológicos, al aumento de la carga de la enfermedad y al desarrollo
tecnológico. Estos factores suponen una presión, ya que aumentan el gasto en
salud, el cual pasó de representar para los países de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el 7,6%, y en los países de
América Latina y el Caribe (ALC) de 3,7% del PIB (datos Banco Mundial, 2015).
Ahora bien, resulta necesario establecer una relación
entre los resultados en salud y el gasto público en el sector, así que,
mediante un aumento de los recursos dirigidos a la salud, se logran resultados
como la disminución de la mortalidad materno-infantil o el incremento en la
esperanza de vida. No obstante el aumento de los recursos es fundamental para
mejorar la salud en los países pobres pero se debe reconocer que se pueden
obtener beneficios importantes mediante el uso de los recursos existentes de
manera más eficiente.
Se tienen casos particulares de países que, a pesar de
tener un reducido gasto en salud, presentan resultados relativamente
favorecedores. Es el caso de Perú, que, a pesar de mantener un bajo gasto en
salud, entre 2000 y 2013 ocupó el primer lugar en la reducción de la mortalidad
neonatal y el segundo en la reducción de la mortalidad en menores de cinco
años, entre 75 países de ingresos medios y bajos. De manera general, en el
informe de 2010 sobre la salud en el mundo, la Organización Mundial de la Salud
(OMS) afirma que entre el 20% y el 40% del gasto sanitario se desperdicia por
ineficiencia.
En el grupo de la OCDE, se muestran casos como el de
Estados Unidos que, si bien presenta el gasto más alto, dados los resultados,
no se encuentra bien posicionado y su ascenso es lento. Después están Suecia e
Italia que, aunque tienen un gasto relativamente alto, muestran resultados
aceptables a ese nivel de gasto. Finalmente, México y Turquía son los países
que menos gastan en el grupo e, igualmente, se encuentran en los últimos
lugares en cuanto a resultados en salud. Sin repetir las cifras, me atrevería a
decir que México cuenta con los recursos suficientes para implementar a los
distintos programas de salud solo que mal administrados.
La idea de hacer mas con menos en salud es una utopía, lo
que si debe de hacerse es eficientizar los procesos y para ello se requiere de
gente que este inmersa en los procesos administrativos.