En el último reporte de la OCDE sobre salud, se menciona que el problema de México no es solo la escasez de presupuesto, sino la falta de eficiencia y la alta corrupción que priva en los servicios de salud. Esto se explica en parte porque el gasto en salud ha crecido a una tasa promedio anual de 1.12% desde el año 2000, pero no se ha traducido en mejores resultados en salud. México tiene una esperanza de vida seis años menor que el promedio de la OCDE. En 2013 el país registró la mayor mortalidad materno-infantil, así como tasas elevadas de muertes por enfermedades crónicas, mismas cifras que se han aumentado a raíz de la pandemia con la consiguiente disminución de la esperanza de vida que disminuyo cerca de 3 años en promedio.
Sin embargo, México no tiene indicadores de calidad en
servicios de salud que sean comparables a lo largo de todo el sector lo que
hace difícil comparar los distintos servicios de salud. Pero para que tener más
hospitales en el servicio de salud de México si el gasto en salud es menor de
3% del PIB, esto nos lleva a caer en carencias que a la larga nos hacen que
haya una serie de fallas que resultan en la poca calidad de la atención de las
diversas unidades hospitalarias El camino hacia la universalidad de los
servicios de salud está trazado, pero es casi imposible seguir este modelo por
la falta de recursos tanto económicos como de personal.
En los últimos 30 años, el país ha avanzado en la
construcción de una política de Estado en materia de salud, que ha ido
acompañando algunas transformaciones de gran escala, como las transiciones
demográfica y epidemiológica. No obstante, los logros alcanzados, la situación
actual y futura del país exigen la puesta en marcha de una nueva serie de
reformas sociales. Entre éstas, el componente de mayor prioridad es la
consolidación del Sistema Nacional de Salud. La configuración actual del
sistema no responde todavía a los retos demográficos y epidemiológicos
presentes y futuros. Las funciones de dirección, financiamiento y prestación
siguen correspondiendo a las instituciones de seguridad social y de manera
compartida a la Secretaría de Salud y a los servicios estatales de salud, y la
función de articulación se sigue encontrando implícita.
La reforma del Sistema nacional de salud sentó las bases
para la protección financiera pero aún falta una transformación integral del
sistema con una respuesta de orden estructural en la forma en que se
proporciona y financia la salud, para reducir la brecha entre la protección
social y la seguridad social y tender a eliminar la segmentación que
actualmente caracteriza a nuestro sistema, y con ello beneficiar a la población
para la población con seguridad social, las instituciones públicas le cubren
prácticamente todas las necesidades de atención a la salud, con excepción de
cirugía cosmética e intervenciones electivas o enfermedades catastróficas como
los infartos o algunos tipos de cáncer.
Por su parte, las instituciones de la seguridad social
también han venido experimentando diversos problemas, principalmente de corte
financiero, pero también algunos de tipo operativo, en las áreas de primer
nivel de atención por saturación y tiempos de espera, así como consecuencia de
la falta de una cobertura explícita en intervenciones. Aunque es frecuente que
se piense que esa situación obedece a que los seguros incluyen la cobertura a
todas las intervenciones que se presenten, esta situación no es del todo cierta
puesto que es un hecho que muchas de las intervenciones que actualmente se
cubren a los derechohabientes han sido producto de demandas judiciales, como el
caso del VIH/SIDA.
Estas son las circunstancias actuales del Sistema
Nacional de Salud, con presiones que le han llevado al punto de no ser capaz de
responder a las demandas de atención con el modelo actual en que se organiza y
se financia la salud, en forma fragmentada por grupos sociales, por eso la necesidad
de crear hospitales cercanos y operativos, con recursos y con personal médico
suficiente para cubrir las demandas de la población a la que se plantea atender
parecer ser la solución, pero como muchas veces se ha mencionado, se debe de
fortalecer el sistema de atención primaria, pero para ello se necesita que los
que toman decisiones entiendan que salud requiere de un cambio de rumbo y de
fondo, no solo pinceladas de dinero.
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