lunes, 18 de diciembre de 2023

UNA DEMOCRACIA INEXISTENTE


El neoliberalismo, su ontología para llamarla así, es antagónica a las implicancias estructurales que suponen reconstruir en la actualidad un Estado socialmente responsable. Un neokeynesianismo progresista constituye un otro impensable para la lógica de la financiarización que domina la época de la ortodoxia neoclásica. De ahí, que resulte difícil, por lo laberíntico, descifrar el camino que se abrirá el día después del final de la pandemia para poder decir que tenemos una democracia inconclusa.

 

Resultaría obvio decir que la democracia es una buena idea. La concepción del gobierno de la gente por la gente es atractiva y alberga un sentimiento de empoderamiento que, en la vida social y política, se considera un derecho inalienable. No obstante, el nivel de la complejidad de la puesta en práctica del concepto es inmensa, ya que relaciones de poder y el juego de las ideologías complican formas de organización social que abren avenidas de participación de manera desigual y a destiempo. Es decir, si bien en todo régimen democrático partimos del principio de equidad y justicia, en la cotidianidad de la vida social las formas de participación pública no necesariamente se encuentran abiertas para todos, mientras que formas de exclusión operan de manera prácticamente normalizadas. Estos desbalances de poder social, traducidos en dinámicas de privilegio y antagonismo, surgen a partir de subjetividades que se contraponen para definirse relacionalmente a partir de la pertenencia o membresía a ciertas identidades. Por tanto, el género, la raza, la condición étnica o la sexualidad se convierten en factores que determinan condiciones socioeconómicas y políticas de los ciudadanos, con las que se tiene que lidiar en democracia para resolver dinámicas de subordinación y dominación.

 

Vuelve el Estado. Pero… ¿qué Estado y para qué? ¿Apenas para amortiguar el espanto y las consecuencias catastróficas de la pandemia? ¿Es posible que después del largo calvario todo siga igual? ¿Resisten las sociedades una nueva repetición como en la crisis del 2008? Me apresuro a señalar que tengo mis serias dudas de que, en esta ocasión, haya una habilitación social como la que les permitió a los gobernantes neoliberales rescatar a los bancos con fondos públicos devolviéndoles todas sus supuestas pérdidas a la vez que se profundizaron todas las causas de la crisis de aquel entonces y sigue siendo el ciudadano el que lleva la carga tributaria para mantener a una casta política cada vez mas demandante de que sus condiciones y su modo de vivir no se debe de tocar, aunque en ello se vaya una buena parte del presupuesto. Quisiera creer que la pandemia, la ominosa sombra que recorre la aldea global, nos está llevando a límites nunca antes vividos, al menos no de este modo y en las condiciones de una sociedad como la nuestra. ¿Alguien puede pensar que la rueda de la fortuna del capitalismo especulativo volverá a echarse a rodar sin que nada la detenga? Algo conmovedor nos está aconteciendo hasta el punto, eso esperamos, de abrirnos hacia otras dimensiones de la vida social sabiendo, como crudamente se va mostrando en medio de la pandemia, que siempre los más débiles como son los pobres, las mujeres, las minorías, los pueblos originarios, los discapacitados, los ancianos abandonados por sus hijos en geriátricos, los indocumentados migrantes, los trabajadores informales, los parias del mundo, son los que más expuestos están, los que más sufren y los que menos reciben.

Hoy sencillamente se ha vuelto intolerable el abandono de los débiles como consecuencia de un Estado satanizado por el mercado y sus intereses. Y se vuelve visible e intolerable porque también las clases medias han comprendido que el vaciamiento de lo público, la mercantilización de la salud y la banalización de la seguridad social son los flancos débiles de esta democracia por los que entra con toda libertad el virus matando sin discriminación alguna. ¿Un antes y un después?

En este 2024 debemos ver quien puede en realidad significar un cambio, porque esto que hicieron con la sociedad tiene un precio y se verá en los votos. Buscaremos una sociedad responsable y de libre pensamiento y trataremos de que la corrupción que hoy priva en la clase política sea la menos y que haya mas sensibilidad hacia las clases populares.

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