A donde nos llevara este desorden
En la perspectiva de las grandes mayorías de la humanidad el orden
actual es un orden en desorden, producido y mantenido por las fuerzas y países
que se benefician de él, aumentando su poder y sus ganancias. Este desorden se
deriva del hecho de que la globalización económica no ha dado origen a una
globalización política ya que no le conviene. No hay ninguna instancia o fuerza
que controle la voracidad de la globalización económica, ya que los grandes
ladrones son los de cuello blanco y por sus malos manejos y sus rescates
millonarios muchos países y estados deben de acostumbrarse a vivir en la
miseria ya que nadie les ha puesto freno a los ladrones de Wall Street y de la
City en vez de rendirse a ellos. Después de haber provocado la crisis, todavía
fueron beneficiados con inversiones millonarias de dinero público para cubrir
sus cubrir sus múltiples atracos. Y volvieron, airosos, al sistema de
especulación financiera como si nada hubiese pasado, pero los miles de pobres
que se crearon a ellos no hubo nadie que los rescatara, a pesar de que son
ellos la base de este sistema.
Estos excepcionales economistas son óptimos haciendo análisis pero mudos
presentando salidas a crisis actual. Tal vez, como insinúan, por estar
convencidos de que la solución a la economía no está en la economía sino en
rehacer las relaciones sociales destruidas por la economía de mercado,
especialmente la especulativa. Esta no tiene compasión y está desprovista de
cualquier proyecto de mundo, de sociedad y de política. Su propósito es
acumular al máximo y para eso tiene que someter estados, quebrar legislaciones,
flexibilizar leyes de trabajo, y fundar economías nacionales, obligando a los
países en crisis a privatizar todo lo que es vendible, lanzando al pueblo a
pobreza y la desesperación y se puede invadir países en aras de defender las
riquezas de los pueblos que ellos consideran suyas. Así vemos con asombro la
cruzada que han emprendido en México para abrir el emporio de Telmex, o la
privatización silenciosa que se ha hecho de la CFE o de nuestro orgullo
nacional que es PEMEX. Ante esto los poderes que gobiernan a México pues nada
dicen y todo oculta.
Esta descomposición social se revela por polarizaciones o por lógicas en
una oposición radical que poco tiene que hacer ante la cerrazón de los medios
de comunicación de difundir lo que conviene al dueño del medio y no lo que
conviene a la sociedad. La lógica de los
que defienden el mayor lucro posible y la de los que luchan por los derechos de
la vida, de la humanidad y de la Tierra. La lógica del individualismo que
destruye nuestro planeta, aumentando el número de los que ya no quieren
convivir más, y la lógica de la solidaridad social a partir de los más
vulnerables. La lógica de las élites que hacen los cambios intrasistema y se
apropian de los beneficios, y la lógica de los asalariados, amenazados de
desempleo y sin capacidad de intervención. La lógica de la aceleración del
crecimiento material y la de los límites de cada ecosistema y de la propia
Tierra.
Existe una desconfianza generalizada de que del sistema imperante pueda
venir algo bueno para la humanidad. Vamos de mal en peor en todo lo que se
refiere a la vida y a la naturaleza. El futuro depende del caudal de confianza
que los pueblos tienen en sus capacidades y en las auténticas posibilidades de
la realidad. Y esta confianza está menguando día a día. Mas cuando se demuestra
que hoy nuestra clase política está más embelesada en el poder que en el
construir una mejor sociedad.
Nos estamos enfrentando a este dilema: o dejamos que las cosas sigan así
como están y entonces nos hundiremos en una crisis terminal o nos empeñamos en
la gestación de una nueva vida social que sostendrá otro tipo de civilización.
Los vínculos sociales nuevos no se derivarán de la técnica ni de las políticas
actuales, despegadas de la naturaleza y de la sociedad.
Nacerán de un consenso mínimo entre los ciudadanos, que debe ser
construido en torno al reconocimiento y respeto de los derechos humanos de la
vida. A esta nueva vida social deben servir la técnica, la política, las
instituciones y los valores del pasado. Tal vez decir esto sea solo eso,
palabras sin sentido pero en realidad ¿quién escucha? Es voz perdida en el desierto,
ya que los políticos se encuentran mas entusiasmados en su próximo hueso que en
el verdadero bienestar de la población, las migajas que reparten los partidos
con nuestro dinero, como es la maseca y las cobijas son con nuestros impuestos,
o acaso ellos los sacan de su bolsillo, pues para nada y aun así sacan
desplegados costosos diciendo que están combatiendo la pobreza.
Si hubieran querido combatirla desde hace mucho se habrían hecho las
reformas que benefician a los ciudadanos y no a los partidos. Entonces por
quien votar si todos parecen estar cortados con la misma tijera. Parece que la
consigna es dejar hundido a México.
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