EN QUE CAMINO TE ENCUENTRAS
Nadie puede quedar
indiferente frente a la crisis actual. Urge una decisión y encontrar una salida
en estos momentos en que parece que todos tienen la respuesta pero la
ciudadanía sigue viendo la misma indiferencia, tanto de los que gobiernan como
de los que ejercen las leyes.
Hay diferentes
caminos que seguir cuando se trata de construir una democracia que sea
participativa e incluyente. Tal vez un primer camino y que es el que escuchamos
casi a diario es la de los catastrofistas:
la fuga hacia el fondo. Estos enfatizan el lado de caos que encierra
toda crisis. Ven la crisis como catástrofe, descomposición y fin del orden
vigente. Para ellos la crisis es algo anormal que debemos evitar a toda costa.
Sólo aceptan ciertos ajustes y cambios dentro de la misma estructura. Pero lo
hacen con tantos peros que recortan cualquier irrupción innovadora.
Contra estos
catastrofistas La vida concreta no es una colección de antigüedades. No se
trata de visitar un museo o una academia del pasado. Se vive para progresar, si
bien sacando provecho de las experiencias del pasado, pero para ir siempre más
lejos, algunos les llaman sueños y tal vez esa sea la idea de un cambio de
democracia. Un sueño inconcluso.
La crisis
generalizada no tiene que ser una caída hacia el abismo. Hay muchos caminos
pero son pocas las voces escuchadas en este momento y son muchos los que se
dicen salvadores de un cambio que no llega.
La segunda actitud es
la de los conservadores: la fuga hacia
atrás. Estos se orientan por el pasado, mirando por el retrovisor. En
vez de aprovechar las fuerzas contenidas en la crisis actual, huyen hacia el
pasado y buscan viejas soluciones para problemas nuevos. Por eso son
arcaizantes e ineficaces.
Gran parte de las
instituciones políticas y de los organismos económicos mundiales como el FMI,
el Banco Mundial, la OMC, el G-20, pero también la mayoría de las Iglesias y de
las religiones buscan dar solución a los graves problemas mundiales con las mismas
concepciones. Favorecen la inercia y frenan soluciones innovadoras porque es
mejor pisar terreno conocido que hacer nubes en el aire, los sueños de un país
mejor o de un cambio solo se da en el ámbito de lo tangible.
Dejando las cosas
como están, éstas nos llevarán fatalmente al fracaso, a una crisis ecológica y
humanitaria inimaginable. Como las fórmulas pasadas agotaron su fuerza de
convencimiento y de innovación, acabarán transformando la crisis en una
tragedia y en ese rumbo parece que nos encontramos, estamos rodeados de ideas
antiguas y caminos ya cerrados pero siguen los mismos conductores. Nada ha
cambiado.
La tercera actitud es
la de los utopistas: fuga hacia delante.
Estos piensan resolver la situación de crisis huyendo hacia el futuro. Se
sitúan dentro del mismo horizonte que los conservadores solo que en dirección
contraria. Por eso, pueden llegar fácilmente a acuerdos con ellos.
Generalmente son
voluntaristas y se olvidan de que en la historia solo se hacen las revoluciones
que se hacen. El último slogan no es un pensamiento nuevo. Los críticos más
audaces pueden ser también los más estériles. No es raro que la audacia
contestataria no pase de ser una evasión para no enfrentarse a la dura
realidad.
Una cuarta actitud es
la de los escapistas: huyen hacia dentro. Se dan cuenta del oscurecimiento del
horizonte y del conjunto de las convicciones fundamentales, pero hacen oídos
sordos a la alarma ecológica y a los gritos de los oprimidos. Evitan la confrontación,
prefieren no saber, no oír, no leer y no cuestionarse. Estas personas ya no
quieren convivir. Prefieren la soledad del individuo pero generalmente
conectado a internet y a las redes sociales. Un mundo cibernético que en nada
sirve al crecimiento humano.
Finalmente, hay una
quinta actitud: la de los responsables:
hacen frente al aquí y al ahora. Son los que elaboran una respuesta. No temen, ni huyen, ni se evaden, sino que
asumen el riesgo de abrir caminos. Buscan fortalecer las fuerzas positivas
contenidas en la crisis y formulan respuestas a los problemas. No rechazan el
pasado por ser pasado. Aprenden de él como un repositorio de grandes
experiencias que no deben ser desperdiciadas, pero sin eximirse de hacer sus
propias experiencias.
Los responsables se
definen por un a favor y no simplemente por un contra. Tampoco se
pierden en polémicas estériles. Trabajan y se comprometen profundamente en la
realización de un modelo que corresponda a las necesidades del tiempo, abierto
a la crítica y a la autocrítica, dispuestos siempre a aprender., dispuestos a
construir con todos y con cada uno de los que integran esta democracia. El
problema es que son pocos y el mismo sistema se ha encargado de irlos
relegando. Lo que más se exige hoy son políticos, líderes, grupos, personas que
se sientan responsables y fuercen el paso del tiempo viejo al nuevo tiempo. Tu
en que camino te encuentras.
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