lunes, 9 de diciembre de 2024

EN QUE CAMINO TE ENCUENTRAS

 EN QUE CAMINO TE ENCUENTRAS

Nadie puede quedar indiferente frente a la crisis actual. Urge una decisión y encontrar una salida en estos momentos en que parece que todos tienen la respuesta pero la ciudadanía sigue viendo la misma indiferencia, tanto de los que gobiernan como de los que ejercen las leyes.

Hay diferentes caminos que seguir cuando se trata de construir una democracia que sea participativa e incluyente. Tal vez un primer camino y que es el que escuchamos casi a diario es la de los catastrofistas: la fuga hacia el fondo. Estos enfatizan el lado de caos que encierra toda crisis. Ven la crisis como catástrofe, descomposición y fin del orden vigente. Para ellos la crisis es algo anormal que debemos evitar a toda costa. Sólo aceptan ciertos ajustes y cambios dentro de la misma estructura. Pero lo hacen con tantos peros que recortan cualquier irrupción innovadora.

Contra estos catastrofistas La vida concreta no es una colección de antigüedades. No se trata de visitar un museo o una academia del pasado. Se vive para progresar, si bien sacando provecho de las experiencias del pasado, pero para ir siempre más lejos, algunos les llaman sueños y tal vez esa sea la idea de un cambio de democracia. Un sueño inconcluso.

La crisis generalizada no tiene que ser una caída hacia el abismo. Hay muchos caminos pero son pocas las voces escuchadas en este momento y son muchos los que se dicen salvadores de un cambio que no llega.

La segunda actitud es la de los conservadores: la fuga hacia atrás. Estos se orientan por el pasado, mirando por el retrovisor. En vez de aprovechar las fuerzas contenidas en la crisis actual, huyen hacia el pasado y buscan viejas soluciones para problemas nuevos. Por eso son arcaizantes e ineficaces.

Gran parte de las instituciones políticas y de los organismos económicos mundiales como el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-20, pero también la mayoría de las Iglesias y de las religiones buscan dar solución a los graves problemas mundiales con las mismas concepciones. Favorecen la inercia y frenan soluciones innovadoras porque es mejor pisar terreno conocido que hacer nubes en el aire, los sueños de un país mejor o de un cambio solo se da en el ámbito de lo tangible.

Dejando las cosas como están, éstas nos llevarán fatalmente al fracaso, a una crisis ecológica y humanitaria inimaginable. Como las fórmulas pasadas agotaron su fuerza de convencimiento y de innovación, acabarán transformando la crisis en una tragedia y en ese rumbo parece que nos encontramos, estamos rodeados de ideas antiguas y caminos ya cerrados pero siguen los mismos conductores. Nada ha cambiado.

La tercera actitud es la de los utopistas: fuga hacia delante. Estos piensan resolver la situación de crisis huyendo hacia el futuro. Se sitúan dentro del mismo horizonte que los conservadores solo que en dirección contraria. Por eso, pueden llegar fácilmente a acuerdos con ellos.

Generalmente son voluntaristas y se olvidan de que en la historia solo se hacen las revoluciones que se hacen. El último slogan no es un pensamiento nuevo. Los críticos más audaces pueden ser también los más estériles. No es raro que la audacia contestataria no pase de ser una evasión para no enfrentarse a la dura realidad.

Una cuarta actitud es la de los escapistas: huyen hacia dentro. Se dan cuenta del oscurecimiento del horizonte y del conjunto de las convicciones fundamentales, pero hacen oídos sordos a la alarma ecológica y a los gritos de los oprimidos. Evitan la confrontación, prefieren no saber, no oír, no leer y no cuestionarse. Estas personas ya no quieren convivir. Prefieren la soledad del individuo pero generalmente conectado a internet y a las redes sociales. Un mundo cibernético que en nada sirve al crecimiento humano.

Finalmente, hay una quinta actitud: la de los responsables: hacen frente al aquí y al ahora. Son los que elaboran una respuesta.  No temen, ni huyen, ni se evaden, sino que asumen el riesgo de abrir caminos. Buscan fortalecer las fuerzas positivas contenidas en la crisis y formulan respuestas a los problemas. No rechazan el pasado por ser pasado. Aprenden de él como un repositorio de grandes experiencias que no deben ser desperdiciadas, pero sin eximirse de hacer sus propias experiencias.

Los responsables se definen por un a favor y no simplemente por un contra. Tampoco se pierden en polémicas estériles. Trabajan y se comprometen profundamente en la realización de un modelo que corresponda a las necesidades del tiempo, abierto a la crítica y a la autocrítica, dispuestos siempre a aprender., dispuestos a construir con todos y con cada uno de los que integran esta democracia. El problema es que son pocos y el mismo sistema se ha encargado de irlos relegando. Lo que más se exige hoy son políticos, líderes, grupos, personas que se sientan responsables y fuercen el paso del tiempo viejo al nuevo tiempo. Tu en que camino te encuentras.

 

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