miércoles, 22 de marzo de 2023

UN PARADIGMA INEXISTENTE

El neoliberalismo, su ontología para llamarla así, es antagónica a las implicancias estructurales que suponen reconstruir en la actualidad un Estado socialmente responsable. Un neokeynesianismo progresista constituye un otro impensable para la lógica de la financiarización que domina la época de la ortodoxia neoclásica. De ahí, que resulte difícil, por lo laberíntico, descifrar el camino que se abrirá el día después del final de la pandemia.

Ese catecismo que impregnó el sentido común en las últimas cuatro décadas se ha convertido en letra muerta y que ha dejado en el camino más pobreza que riqueza, que ha buscado que solo unos pocos acumulen demasiada riqueza y que la gran mayoría de la población este en pobreza, este discurso ya nadie lo recita. Ya nadie lo reclama. Ya nadie busca imponerlo, aunque sigan persistiendo los nostálgicos de la libertad absoluta, de la meritocracia y del sálvese quien pueda. Ni siquiera el americanismo más radicalmente libertario ni la ampulosa autosuficiencia de un Trump cada vez más caricatura de sí mismo, hoy pueden sostener argumentos que se los ha llevado el viento huracanado causado por un bicho invisible. Décadas de industria cultural y comunicacional, de publicidad subliminal atravesando todo tipo de fronteras reales e imaginarias, han mostrado, de la noche a la mañana, que las certezas y las creencias dominantes han saltado en mil pedazos.

Vuelve el Estado. Pero… ¿qué Estado y para qué? ¿Apenas para amortiguar el espanto y las consecuencias catastróficas de la pandemia? ¿Es posible que después del largo calvario todo siga igual? ¿Resisten las sociedades una nueva repetición como en la crisis del 2008? Me apresuro a señalar que tengo mis serias dudas de que, en esta ocasión, haya una habilitación social como la que les permitió a los gobernantes neoliberales rescatar a los bancos con fondos públicos devolviéndoles todas sus supuestas pérdidas a la vez que se profundizaron todas las causas de la crisis de aquel entonces. Quisiera creer que la pandemia, la ominosa sombra que recorre la aldea global, nos está llevando a límites nunca antes vividos, al menos no de este modo y en las condiciones de una sociedad como la nuestra. ¿Alguien puede pensar que la rueda de la fortuna del capitalismo especulativo volverá a echarse a rodar sin que nada la detenga? Algo conmovedor nos está aconteciendo hasta el punto, eso esperamos, de abrirnos hacia otras dimensiones de la vida social sabiendo, como crudamente se va mostrando en medio de la pandemia, que siempre los más débiles como son los pobres, las mujeres, las minorías, los pueblos originarios, los discapacitados, los ancianos abandonados por sus hijos en geriátricos, los indocumentados migrantes, los trabajadores informales, los parias del mundo, son los que más expuestos están, los que más sufren y los que menos reciben.

Hoy sencillamente se ha vuelto intolerable el abandono de los débiles como consecuencia de un Estado jibarizado por el mercado y sus intereses. Y se vuelve visible e intolerable porque también las clases medias han comprendido que el vaciamiento de lo público, la mercantilización de la salud y la banalización de la seguridad social son los flancos débiles por los que entra con toda libertad el virus matando sin discriminación alguna. ¿Un antes y un después?

En este 2024 debemos ver quien puede en realidad significar un cambio, porque esto que hicieron con la sociedad tiene un precio y se vera en los votos. Buscaremos una sociedad responsable y de libre pensamiento y trataremos de que la corrupción que hoy priva en la clase política sea la menos.

viernes, 17 de marzo de 2023

UNA NUEVA ESTATALIDAD

  UNA NUEVA ESTATALIDAD

La nueva estatalidad que estamos en condiciones de discutir aprovechando las enseñanzas y oportunidades de la pandemia, supone un Estado capaz de mejorar y estar en condiciones de crear una nueva relación entre la comunidad y el estado y ser capaz de cuidarla. En este contexto de profunda desigualdad y fragmentación social, es el Estado el que debe poner en el centro de su acción estas vertientes que serán a partir de hoy reglas inquebrantables como es la igualdad, a la solidaridad y a la responsabilidad como valores fundamentales del quehacer diario de los que nos gobiernan. Y no sólo enunciarlas, sino además hacerlas cumplir efectivamente. Construir lo que nos es común y defenderlo es, también, tener la autoridad suficiente para decidir en última instancia y legítimamente cuál será la distribución de riesgos y costos, como sólo puede hacerlo el Estado tomando como base el bien común, dejando a un lado el discurso democratizador y populista. Reiterando la afirmación del presidente AMLO, “nadie se le puede plantar al Estado”: porque si no es el Estado el que decide y actúa, necesariamente la decisión y la acción quedarán en manos de los más poderosos.

En la construcción de este nuevo paradigma estatal es fundamental lograr que gobernantes y gobernados se perciban a sí mismos como parte de un plan y que así puedan ser percibidos por la ciudadanía, como sujetos prioritariamente estatales, dotados de un status distintivo frente a otras posiciones no estatales. Y para fortalecer esta autopercepción estatal es ineludible su rejerarquización salarial y profesional, como también su socialización en reglas coherentes y estables en el tiempo, en principios de avance y progreso en la carrera, vinculados con su rendimiento y su formación profesional crecientes, y en criterios de evaluación o rendición de cuentas específicamente estatales siendo estas definidas por un pensamiento estatal, viendo el desarrollo del estado no en el presente, sino un rumbo hacia el futuro.

Para ello la nueva estatalidad debe de partir de conceptos primarios y nos referimos especialmente a la solidaridad, a la igualdad, y a la responsabilidad sobre lo que es común, y también al compromiso con lo público, a la idea de servicio, a la relevancia, a la trascendencia, a la honestidad, a la vocación sin llegar a la corrupción y sin que esta última sea una excusa para el pago de magros salarios y condiciones deficientes de trabajo, principio que opera en el más llano sentido común sobre el Estado. Deberíamos, por ejemplo, revalorizar principios como la eficacia, que nos habla del logro y de la efectividad que nos hablara del impacto que las acciones de este nuevo rumbo pudieran tener en el bien común que sería la población.

Para lograr esa transformación cultural, económica y social es imperioso construir un nuevo concepto de estatalidad que será capaz de ser responsable del cuidado de lo común. Y esto es mucho más que ser honesto con los fondos públicos, que ser eficaz en el cumplimiento de las tareas, que ser transparente en la asignación de recursos. Se trata de un trabajo cultural, que afecte positivamente el prestigio y la autopercepción y autoestima de los diversos actores políticos y de una labor sobre sus prácticas concretas y cotidianas y que ello se refleje positivamente en el desarrollo del estadio, de ese modo, sobre los resultados y efectos de la organización que integran las metas y propuestas serian mas fáciles de cumplir. Pero para ello debemos de partir de la creación de una nueva estatalidad, de un cambio radical en la forma de gobernar, y hoy día, no creo que los que están en el poder accedan a compartir y trasparentar lo que hacen. Pero las acciones que se plantean son por el bien común, no solo en favorecer a un cierto grupo o actores políticos, es tiempo de pensar que el estado requiere de un cambio. Veamos si están dispuesto a hacerlo

jueves, 16 de marzo de 2023

EL CIUDADANO AUSENTE

 El año de la pandemia nos instalo en una encrucijada civilizatoria, frente a nuevos dilemas políticos y éticos, pero dejo de lado un aspecto importante que fue el aspecto económico de mucha gente. Esto nos obligo a repensar esta crisis desde un Angulo climático, ecológico y económico, y que nos obligo a formular un dilema de que o vamos a una globalización neoliberal total mas autoritaria, en donde se da por sentado el control de masas bajo el paradigma de una nueva seguridad y vigilancia digital, basados en un capitalismo del caos o bien esta crisis de salud nos puede abrir paso a la posibilidad en la construcción  de una civilización globalizada mas democrática, ligada al paradigma del cuidado del todo, bajo un nuevo pacto social y económico que aborde en conjunto la justicia social y ambiental, ya que resulta inconcebible que solo 3,000 personas posean  el 60% de todo el dinero mundial, dejando a muchos ciudadanos al borde de la inexistencia social y económica.

Debemos de recordar que las crisis como la que vivimos en este momento generan procesos de liberación de conciencia, por lo que hace que la sociedad pregunte y se informe más de lo que esta pasando en el entorno mundial, por lo que hace más fácil superar las falsas teorías fatalistas y torna viable y posible aquello que nos puede llevar a un camino más seguro. Esto hace suponer que por lo menos para el estado la suerte aun no esta echada del todo, que hay puntos que hay que afinar y que por lo menos para iniciar, los que hoy son gobierno deben de ser mas incluyentes, porque hasta hoy se han dedicado a crecer la brecha de diferencia en los aspectos políticos y ello ha repercutido de manera no favorable a mejorar las condiciones del estado que no esta en las mejores condiciones en este momento.

Lo peor que puede ocurrir es que cada quien se quede en su casa convencidos de que las cartas están marcadas y que ello nos lleve a la inacción o a la parálisis, pensando en que de nada sirve estar opinando porque ello no influye en los procesos sociales y políticos, así como en las agendas públicas que se están instalando.

Hay que partir de la idea de que estamos en una situación extraordinaria, de crisis sistémica y económica profunda que ya se previa desde el 2020 y que los grupos políticos nada hicieron o hicieron muy poco para tratar de contener este tsunami que tenemos encima. Lo vemos en estos días con las quiebras de diversos bancos, siempre pensando en ese pequeño grupo que gobierna, pero no pensando en la gran mayoría que esta crisis económica repercutirá de una u otra manera en los bolsillos de la gente más pobre.

Hoy que vemos que se presenta la agenda de desarrollo del estado, esta debe de ser mas incluyente, que incluya a gente que piensa de manera diferente, este estado es de todos y parece que los que llegan al poder por 6 años se apoderan de todo, por eso el estado está en este momento en una crisis porque nadie fue tomado en cuenta y las decisiones importantes nuca se consensaron con los diversos actores, hoy están a tiempo de hacer un cambio en el estado, pero veremos si el ego los deja.

 

sábado, 11 de marzo de 2023

EL CAMBIO ESTA EN TI

La pandemia ha provocado cambios en las personas y en las instituciones, incluyendo al gobierno, pero lo que empieza a preocupar es esta etapa posterior, ya que debe de ser una de nuevos desafíos a los que el Estado tendrá que responder.

La pandemia del coronavirus ha trastocado todas las agendas gubernamentales de los Estados, tanto de los nacionales como de los estados, más allá de las ideologías políticas de sus gobernantes de turno o del desarrollo económico y social de cada uno de los diversos actores políticos. Consecuentemente, se han cuestionado los marcos teóricos y los modelos metodológicos para el diseño y la gestión de políticas públicas. Atento a ello, es necesario que redefinamos el rol del Estado en relación con dichos procesos, para salir de la pandemia y, sobre todo, para la pospandemia que ha iniciado una enorme ola de quebrantos de los que en este año 2023 empezaremos a ver.

En Latinoamérica, la pandemia ha demostrado que los excesos neoliberales son parte del problema y que el Estado populista no es parte de la solución. El neoliberalismo promueve un Estado ausente que ajusta sin eficiencia, mientras que el populismo propicia un Estado omnipresente que reparte sin eficacia. Ambos fracasaron. Desde una política ciudadana, hay que rescatar el rol del Estado como responsable principal de las políticas públicas. Para recuperar la confianza perdida por la ausencia o la omnipresencia estatal, tenemos que innovar su rol.

La pandemia de coronavirus volvió a colocar en el centro de la discusión de nuestras sociedades el problema de los miedos colectivos. Este tema no es nuevo en la historia de la humanidad. Durante el medioevo, las pestes provocaron que las ciudades se replegaran y se prohibiera el ingreso de extranjeros que eran sospechosos de provocar contagios, ya que la muerte estaba en todas partes, en la vida, en el arte, en la literatura. Pero en particular esta pandemia que estamos transitando ha inaugurado una nueva clase de miedo: el miedo global. Por ello, estas angustias, pánicos y temores son más intensos y complejos que los anteriores, producto de la globalización.

Para muchos, el miedo global es un temor totalizante sentido por todos los habitantes de un colectivo, ante la expectativa de una enorme cantidad de muertes que, potencialmente, y de hecho, estuvieron sucediendo, especialmente en los primeros años de inicio de esta pandemia, vimos situaciones como en Italia, la india, ecuador y demás países que esta pandemia dejo una sociedad que no creía y demostró la ineficacia de las acciones de los diversos países.

Además, esta pandemia es la primera que se vive en un tiempo on line. Es por ello que las conexiones globales crean una expectativa de sobreinformación respecto de los contagios, internaciones, camas ocupadas y muertes, que son vividos como algo cercano, aunque se desarrollen a miles de kilómetros de distancia. Los cambios acelerados por la pandemia provocados en las sociedades nos pusieron en alerta también sobre los posibles efectos que las cuarentenas podrían tener en relación con una amenaza autoritaria que impactara en las democracias occidentales. Como muchas veces señalo la misma OMS, la necesidad de medidas de aislamiento forzado aplicadas por los gobiernos de gran parte de los países llevó a pensar que los regímenes políticos autoritarios podían destacarse en la aplicación de medidas más eficientes para combatir la enfermedad. Esta situación puede ser analizada también a partir de lo que Rosanvallon nos planteó respecto de que, de unas décadas a la fecha, se observa que el fenómeno de la “presidencialización” de la democracia no es más que la consecuencia de una evolución política más profunda: el enorme crecimiento del Poder Ejecutivo en el entorno populista. Y es desde ese poder que la ciudadanía espera que se gestionen positivamente las condiciones de sus actividades y de su vida personal. La pandemia no ha hecho más que mostrarnos el máximo impacto de estas tendencias y desnudo la inacción de los estados, al dejar de lado medidas mas eficaces que las que algunos países impusieron con la consiguiente perdida de vidas.

Hoy dia debemos de ser mas analíticos, el neoliberalismo nos dejo a la deriva y el populismo nos dejo sin empleo. Hoy podemos decir que los dos rumbos están equivocados, es tiempo de pensar mas del lado de los ciudadanos, un gobierno que incluya y no que excluya, un gobierno que escuche y no que reprima. El cambio esta en ti .

 

jueves, 9 de marzo de 2023

NOS FALTA UN ESTADO

Después de las diferentes marchas del día de ayer en diferentes partes del país, ahora es importante preguntarnos ahora qué Estado queremos. Porque descubrir qué Estado nos falta, es lo que nos pone, en gran medida, en condiciones para discutir sobre este estado fallido en que vivimos hoy y entonces estar en condiciones de saber a dónde podemos construir este estado. Sobre las condiciones para lograr un Estado que sea capaz de producir y cuidar lo que nos es común. Eso que nos hace comunidad en la diversidad que se muestra diariamente en barrios, sindicatos, clubes, empresas, partidos políticos, movimientos sociales; diversidades étnicas, culturales, religiosas, lingüísticas, de género, etc. Construir lo que nos es común rejerarquizando a la igualdad como valor y a la solidaridad como regla es decisivo, indispensable, en tiempos de creciente desigualdad y fragmentación social como las que vivimos hoy día.

Pero entonces ¿Cuál es el Estado “faltante” que nos mostró la pandemia todos estos años? Hasta hoy vimos en acción algunas de las incapacidades del Estado que teníamos. Observamos muchas dificultades para distribuir con eficacia y efectividad los costos de la pandemia, y para lograr que muchos sectores, incluso los que más tienen, acepten resignar una parte de lo propio, aunque lo que esté en juego sea la vida del otro. Muchas de estas carencias del Estado fueron puestas en evidencia y potenciadas durante la pandemia, por las rupturas de todo tipo que la misma produjo, pero venían siendo arrastradas desde mucho antes. Lo que hizo la pandemia fue volverlas más visibles, y en muchos casos, mucho más graves. Vimos a un Estado que, aún replegado sobre sus funciones esenciales como es la preservación de la vida, la salud, la alimentación, sólo pudo cumplirlas parcialmente.

Hubo áreas completas que no encontraron o que no cumplieron su rol en la crisis; muchas dificultades de articulación y coordinación entre las distintas áreas  como las sociales, políticas, económicas y  en los diferentes niveles del gobierno ya sea federal o estatal, y al interior de los mismos; y hasta Estamos acostumbrados que en estos tiempos de crisis porque así lo indica el sentido común sobre el Estado, a pedir o “menos burocracia” o una “burocracia autónoma” de las influencias, presiones y tensiones de la sociedad. Sin embargo, la pandemia nos mostró que la capacidad estatal no está vinculada necesariamente con el aislamiento del Estado.

Por el contrario, en muchos casos, la vinculación previa de distintas agencias y burocracias estatales con actores más o menos organizados de la sociedad  como lo son los sindicatos, organizaciones de trabajadores desocupados, movimientos sociales y políticos, etc., potenció notablemente la resolución de los problemas más graves y urgentes. Aquí, el área social fue un ejemplo claro, pero no fue la única.

Hoy requerimos de un nuevo estado, dinámico, incluyente y no excluyente, que construya acuerdos y no desconstruya y corrompa a la misma sociedad como lo hicieron en el pasado.

Hoy debemos de construir un mejor estado, no es por ti, es por los que aun no tienen capacidad de decidir.

martes, 7 de marzo de 2023

CORRUPCION EN SALUD

 El hecho de que las cosas se pueda hacer de una manera diferente es difícil, en México las cosas y los momentos están muy arraigados a un sistema de corrupción y el estado, aunque muestra una alta competencia a su combate a este punto, las cosas en la vida real son un poco alejadas de la realidad.

Un mal que suena muy trillado es el de la corrupción y los moches, los gestores y administradores hospitalarios no solo tienen desafíos interesantes relacionados con diversas esferas, como la salud pública en un mundo globalizado, al ser integrantes de las autoridades sanitarias nacionales, regionales y locales. También se enfrentan con la gestión intrahospitalaria propiamente dicha; con la gobernanza en salud, que lleva inmersa la gobernabilidad hospitalaria; con las nuevas tendencias en gestión hospitalaria, y con el contribuir a lograr o fortalecer la eficiencia, la eficacia, la equidad, la solidaridad y la calidad en salud a nivel hospitalario, esto debería de ser una constante en todas las unidades, dada la enorme carencia de recursos que hay. Además, tienen la gran responsabilidad de prepararse para este proceso y de ser los actores del cambio en el área de la gestión, tanto del gasto en salud como del hospitalario, dados los escasos recursos con los que cuentan, y se deben enfocar en las prioridades sanitarias y atender la demanda de la población, con elevados niveles de desempeño.

Para ello se deben de establecer los mecanismos necesarios dependiendo de cada unidad, partiendo de que cada unidad hospitalaria es diferente y tienen diferentes necesidades, para ello debemos de:

·         Establecer y fortalecer una política de estado en gestión hospitalaria.

·    Romper el paradigma de servicios buenos y malos en el sector público frente al privado, entendiendo que los profesionales de la salud trabajan para el sistema de salud en este sector, y muchos de ellos lo hacen en más de un subsector. La salud es una sola, no está fraccionada en pública y privada.

·         Dotar con recursos competentes para garantizar la operatividad de los hospitales, dados los procesos de centralización y regionalización.

·         Medir permanentemente el desempeño de los hospitales, impulsar la autosupervisión de los prestadores, fortalecer los procesos de autoevaluación y autoaprendizaje.

·    Garantizar un presupuesto institucional con mecanismos justos de pago, que apoye el desarrollo y crecimiento de la gestión administrativa, asistencial y económico-financiera de los hospitales, así como la gestión clínica. 

Si podemos romper este circulo vicioso, tal vez podamos otorgar resultados eficientes a los usuarios de los diversos servicios.

 

sábado, 4 de marzo de 2023

QUE NECESITAMOS EN SALUD

En el último reporte de la OCDE sobre salud, se menciona que el problema de México no es solo la escasez de presupuesto, sino la falta de eficiencia y la alta corrupción que priva en los servicios de salud. Esto se explica en parte porque el gasto en salud ha crecido a una tasa promedio anual de 1.12% desde el año 2000, pero no se ha traducido en mejores resultados en salud. México tiene una esperanza de vida seis años menor que el promedio de la OCDE. En 2013 el país registró la mayor mortalidad materno-infantil, así como tasas elevadas de muertes por enfermedades crónicas, mismas cifras que se han aumentado a raíz de la pandemia con la consiguiente disminución de la esperanza de vida que disminuyo cerca de 3 años en promedio.

Sin embargo, México no tiene indicadores de calidad en servicios de salud que sean comparables a lo largo de todo el sector lo que hace difícil comparar los distintos servicios de salud. Pero para que tener más hospitales en el servicio de salud de México si el gasto en salud es menor de 3% del PIB, esto nos lleva a caer en carencias que a la larga nos hacen que haya una serie de fallas que resultan en la poca calidad de la atención de las diversas unidades hospitalarias El camino hacia la universalidad de los servicios de salud está trazado, pero es casi imposible seguir este modelo por la falta de recursos tanto económicos como de personal.

En los últimos 30 años, el país ha avanzado en la construcción de una política de Estado en materia de salud, que ha ido acompañando algunas transformaciones de gran escala, como las transiciones demográfica y epidemiológica. No obstante, los logros alcanzados, la situación actual y futura del país exigen la puesta en marcha de una nueva serie de reformas sociales. Entre éstas, el componente de mayor prioridad es la consolidación del Sistema Nacional de Salud. La configuración actual del sistema no responde todavía a los retos demográficos y epidemiológicos presentes y futuros. Las funciones de dirección, financiamiento y prestación siguen correspondiendo a las instituciones de seguridad social y de manera compartida a la Secretaría de Salud y a los servicios estatales de salud, y la función de articulación se sigue encontrando implícita.

La reforma del Sistema nacional de salud sentó las bases para la protección financiera pero aún falta una transformación integral del sistema con una respuesta de orden estructural en la forma en que se proporciona y financia la salud, para reducir la brecha entre la protección social y la seguridad social y tender a eliminar la segmentación que actualmente caracteriza a nuestro sistema, y con ello beneficiar a la población para la población con seguridad social, las instituciones públicas le cubren prácticamente todas las necesidades de atención a la salud, con excepción de cirugía cosmética e intervenciones electivas o enfermedades catastróficas como los infartos o algunos tipos de cáncer.

Por su parte, las instituciones de la seguridad social también han venido experimentando diversos problemas, principalmente de corte financiero, pero también algunos de tipo operativo, en las áreas de primer nivel de atención por saturación y tiempos de espera, así como consecuencia de la falta de una cobertura explícita en intervenciones. Aunque es frecuente que se piense que esa situación obedece a que los seguros incluyen la cobertura a todas las intervenciones que se presenten, esta situación no es del todo cierta puesto que es un hecho que muchas de las intervenciones que actualmente se cubren a los derechohabientes han sido producto de demandas judiciales, como el caso del VIH/SIDA.

Estas son las circunstancias actuales del Sistema Nacional de Salud, con presiones que le han llevado al punto de no ser capaz de responder a las demandas de atención con el modelo actual en que se organiza y se financia la salud, en forma fragmentada por grupos sociales, por eso la necesidad de crear hospitales cercanos y operativos, con recursos y con personal médico suficiente para cubrir las demandas de la población a la que se plantea atender parecer ser la solución, pero como muchas veces se ha mencionado, se debe de fortalecer el sistema de atención primaria, pero para ello se necesita que los que toman decisiones entiendan que salud requiere de un cambio de rumbo y de fondo, no solo pinceladas de dinero.

Pero concluyendo la atención en este momento se está planeando hacia la atención primaria en salud, en donde los médicos y unidades de primer nivel serán los que sean el eje rector de los sistemas estatales, para tratar de que no haya una saturación de las unidades de segundo o tercer nivel

jueves, 2 de marzo de 2023

ESTA NUEVA NORMALIDAD REQUIERE UN NUEVO ESTADO

La nueva estatalidad que estamos en condiciones de discutir aprovechando las enseñanzas y oportunidades de la pandemia, supone un Estado capaz de producir comunidad y de cuidarla. En este contexto de profunda desigualdad y fragmentación social, es el Estado el que debe poner en el centro de su acción a la igualdad, a la solidaridad y a la responsabilidad como valores fundamentales. Y no sólo enunciarlas, sino además hacerlas cumplir efectivamente. Construir lo que nos es común y defenderlo es, también, tener la autoridad suficiente para decidir en última instancia y legítimamente cuál será la distribución de riesgos y costos, como sólo puede hacerlo el Estado. Reiterando la afirmación del presidente AMLO, “nadie se le puede plantar al Estado”: porque si no es el Estado el que decide y actúa, necesariamente la decisión y la acción quedarán en manos de los más poderosos y esto se contrapone con la visión de la 4 t.

Más aún: en la pandemia actual, el Estado no sólo es visto como una solución, sino como la única. Esta situación inédita amplía decisivamente el margen de oportunidad para discutir y construir las reglas que organizarán nuestro futuro post-pandemia. La “resolución” de la pandemia, en el sentido de la construcción de una nueva normalidad, es una disputa que se resolverá en acto, en proceso, a medida que avanzamos hacia ella. Por eso, es ahora el momento de discutir cuál es la nueva estatalidad que queremos para nuestro futuro.

Preguntémonos primero qué Estado nos falta. Las respuestas a esta pregunta serán muchas: porque no será lo mismo responderla hoy, a más de tres años de la pandemia en nuestro país, y porque el Estado no le “hace falta” de igual forma a un empleado en blanco que a un trabajado informal o a un trabajador desocupado; a una gran empresa que a una PyME; a un jubilado, que a un estudiante, o que a una ama de casa o al personal de salud.

¿Cuál es el Estado “faltante” que nos mostró la pandemia? Hasta hoy vimos en acción algunas de las incapacidades del Estado que teníamos. Observamos muchas dificultades para distribuir con eficacia y efectividad los costos de la pandemia, y para lograr que muchos sectores, incluso los que más tienen, acepten resignar una parte de lo propio, aunque lo que esté en juego sea la vida del otro. Muchas de estas carencias del Estado fueron puestas en evidencia y potenciadas durante la pandemia, por las rupturas de todo tipo que la misma produjo, pero venían siendo arrastradas desde mucho antes. Lo que hizo la pandemia fue volverlas más visibles, y en muchos casos, mucho más graves. Vimos a un Estado que, aún replegado sobre sus funciones esenciales como es la preservación de la vida, la salud, la alimentación, la seguridad, sólo pudo cumplirlas parcialmente. Hubo áreas completas que no encontraron o que no cumplieron su rol en la crisis; muchas dificultades de articulación y coordinación entre las distintas áreas sociales, políticas, económicas y de salud y los diversos niveles del gobierno tanto nacional, estatales y municipales, y al interior de los mismos; y hasta incapacidad para prever y ejecutar medidas básicas, como la atención bancaria,

algunas prestaciones previsionales y/o sociales básicas, el control de abastecimiento y precios, la coordinación de las medidas propias de las distintas etapas de la cuarentena obligatoria.

¿Fue difícil? ¿Fue un desafío inesperado gobernar a una sociedad bajo pandemia? Sin dudas. ¿Muchas falencias fueron suplidas por un esfuerzo humano importante en muchos niveles, y sobre todo porque hubo  un liderazgo presidencial claro y sensato? Eso probablemente nos lo den los años postpandemia. Pero recordemos que de lo que estamos hablando es del Estado, y no del gobierno que ejerce la conducción política de ese Estado.

Preguntémonos ahora qué Estado queremos. Porque descubrir qué Estado nos falta, es lo que nos pone, en gran medida, en condiciones para discutir sobre una nueva estatalidad y una nueva visión de a donde llevar a México o a cada estado para preparar un mejor futuro. Sobre las condiciones para lograr un Estado que sea capaz de producir y cuidar lo que nos es común. Eso que nos hace comunidad en la diversidad que se muestra diariamente en barrios, sindicatos, clubes, empresas, partidos políticos, movimientos sociales; diversidades étnicas, culturales, religiosas, lingüísticas, de género, etc. Construir lo que nos es común rejerarquizando a la igualdad como valor y a la solidaridad como regla es decisivo, indispensable, en tiempos decreciente desigualdad y fragmentación social ante la falta de oportunidades y la enorme brecha que se hizo más evidente de pobres y ricos en esta normalidad.

LA INEFICACIA DE LOS SISTEMAS DE SALUD EN MEXICO

 El Sistema Sanitario en México es relativamente complejo, en especial en estos últimos años debido a los cambios que ha sufrido y continúa sufriendo, como el hecho de que el gobierno desea “fusionar” las instituciones públicas. Se encuentra integrado por el sector salud público y privado, ambos trabajando relativamente juntos para cumplir con la meta principal: “respetar el derecho a la salud de la población general” (artículo 4° de la Constitución Política de México).

La Clasificación de Instituciones de Salud por entidad federativa contiene alrededor de 18 mil descripciones de Unidades médicas públicas y privadas; según informes en México hay 23,858 unidades de salud (sin considerar consultorios médicos privados), siendo 4,354 hospitales y el resto unidades de atención ambulatorio; del total de hospitales 1,182 son públicos (siendo 718 los que atienden población sin seguro social; cabe mencionar que tienen una razón de 0.75 camas por cada mil habitantes, siendo inferior a lo recomendado por la OMS (de 1 cama por cada mil habitantes)) y 3,172 privados (teniendo en cuenta que en su mayoría son más bien materno-infantiles, y suelen ser hospitales de hasta 10 camas, siendo solo un 6% de más de 25 camas); además, aprox. 86% son hospitales generales y el resto de especialidad. En cuanto a recursos humanos que prestan los servicios de salud, la tasa de médicos por cada mil habitantes es de 1.85 a nivel nacional (siendo inferior al promedio de los países de la OCDE que es de 3) y la tasa de enfermeros es muy parecida siendo de 2.2 (también inferior a los países de la OCDE que es de 3.5). (6)(3)

El sector público está integrado por: el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) e ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) como parte del Seguro Social, y la SSA (Secretaría de Salud) que también incluye en cierta manera al IMSS. Otras que lo componen son: PEMEX, SEDENA, SEMAR, y SESA... que forman en sí parte de la SSA. Estas instituciones poseen varios hospitales y clínicas distribuidas por el país, todas sustentadas (fondos) por contribuciones gubernamentales, del empleador, de los trabajadores (cotizaciones deducidas) y de la población general (impuestos). Todas cumpliendo cobertura universal y provisión pública de forma equitativa. Un inconveniente notorio sería que, al ser dependientes de la economía del país en sí, se sufre de importantes deficiencias lo cual impide el adecuado funcionamiento de dichas instituciones (principalmente en cuanto a eficiencia e innovaciones). (3)

El sector privado está integrado por instituciones de salud privadas, muchas veces vinculadas a la Secretaría de Salud (principalmente el IMSS, por medio de cuotas de los individuos) y a aseguradoras privadas (creando una asociación y con ello permitiendo el acceso a un seguro médico privado). Estas instituciones sobreviven de sus propios pacientes (clientes) y tratos con aseguradoras, siendo por ende costosos en muchos casos los servicios que brindan; claro está que brindan servicios de mayor eficiencia y velocidad debido a que se personaliza mucho más la atención a los pacientes.

El sistema de salud en México en realidad, aún cuando se intenta brindar un servicio de salud universal y equitativo, ofrece beneficios muy diferentes dependiendo de la población de que se trate… En el país hay 3 grupos diferentes de beneficiarios de las instituciones de salud: 1.T rabajadores asalariados y jubilados (incluyendo a sus familias), 2. Autoempleados, desempleados, trabajadores del sector informal y personas dentro del mercado laboral (y sus familiares), 3. Población con capacidad de pago.

Los trabajadores del sector formal de la economía (y sus familias), activos y jubilados, son los beneficiarios de las instituciones de seguridad social. El IMSS cubre más de 80% de esta población, atendiéndoles en sus propias unidades; el ISSSTE cubre otro 18% de la población asegurada, atendiéndoles en sus propias unidades también. Los servicios médicos para empleados de PEMEX, SEDENA y SEMAR en conjunto se encargan de la salud en 1% de la población asegurada. (3) El segundo grupo de usuarios se trata de población no asalariada, quienes recurren para la atención de su salud a los servicios de la SSA, SESA y IMSS-O, junto al seguro popular (SPS)… tomando en cuenta que estos servicios de salud dependen importantemente de la economía del país (impuestos principalmente), y por ende se podría concluir que está población afiliada depende de la población trabajadora y que paga sus impuestos correctamente (“la población saludable y trabajadora es quien mantiene al sector salud público”).

El último grupo es quien pueden y hacen uso de los servicios de salud privada, mediante el uso de seguros privados o pagos de bolsillo directamente.

Ahora, México cuenta con una población de 124,738,000 habitantes, de los 50.21% son mujeres y 49.79% son hombres. Se considera uno de los países con más población del mundo, poseyendo una densidad de población moderada de 64 habitantes por Km2. Tiene una tasa de natalidad alta mientras que la tasa de mortalidad es baja.  Hablando de la economía del país, que es esencial conocer ya que tiene gran influencia en el sector salud público y moderada a leve en el sector salud privado, México es la economía número 15 por volumen de PIB; los habitantes tienen un bajo nivel de vida y el salario medio más bajo del mundo, sumándose que la percepción de corrupción es muy alta.  De allí el hecho de que el sector de salud público esté tan deficiente en su eficiencia y eficacia, por falta de insumos y otras necesidades importantes para brindar un servicio de salud de calidad.

El aumento de la esperanza de vida y la creciente exposición a los “riesgos emergentes” (relacionados en su mayoría al estilo de vida poco saludable que lleva la mayoría de la población) han modificado las principales causas de muerte que, como se comentó previamente, aumenta el predominio de las enfermedades no transmisibles (crónicas) y lesiones (siendo aprox. 75% de los decesos). Claro está que las infecciones, problemas reproductivos y desnutrición siguen estando presentes en las comunidades marginadas (principalmente rurales o en las zonas urbanas marginales), causando el 11% de los decesos aproximadamente.

La deficiente economía del país también influencia en la salud de la población, donde podemos observar un importante número de pacientes crónicos que llevan a un consumo importante de los fondos del sector salud y “pérdida” de habitantes que contribuyen a la economía en sí (debido a discapacidades secundarias a las enfermedades, etc).

En conclusión, podríamos decir que debido al estado actual tanto de la economía como del estado de salud (estilo de vida para ser más específico) del país es necesario el aumento del número de hospitales en México para que la atención sanitaria sea más eficaz y eficiente, debido a que en estos momentos hay más pacientes que empleados del sector salud (médicos, enfermeros, etc), además de que sería útil para dar una atención más personalizada a los pacientes (ya que serían menos pacientes por médico, pudiéndose concentrar en sus pacientes con mayor eficiencia y tiempo). Pero, debido a la economía deficiente y corrupción, esto no es del todo posible ya que no existen insumos suficientes para aumentar el número de hospitales o expandir aún más las instituciones que se tienen (hablando solo de los edificios), sumándose que se necesitan insumos también para contratar más empleados y para los materiales (tecnologías, material de laboratorio y gabinete, etc) así como para brindar fondos para la investigación e innovación del sector salud. Claro está que la posibilidad de lograrlo está presente, pero depende mucho del gobierno y de la sociedad… siendo dos factores importantes muy difíciles de manejar (ya que involucra cambiar la mentalidad de millones de personas en cuanto a la corrupción, pagos de impuestos, importancia de invertir en la salud, etc).

Por ahora lo que se podría hacer es invertir en las instituciones (hospitales y clínicas) que ya se tienen para mejorarlas y ampliarles lo mejor que se pueda, junto con aumento de empleados (médicos, etc) para brindar una atención de salud de la mejor calidad posible; sumándose que hay que invertir en la salud pública, es decir, en “cambiar” ese estilo de vida insalubre de la población, para con ello encaminarlos a un estado de salud adecuado y por ende a un aumento de la población trabajadora y disminución de la inversión de pacientes crónicos.

SEGUIMOS SIN ENTENDER QUE PASO

 Durante esta pandemia, la mayoría de los que estábamos implicados en este tema mencionamos infinidad de veces que el impacto de esta enfermedad en la salud mental y los impactos socioeconómicos serian enormes si no se hacían las cosas pensando en un futuro menos desolador.

La pandemia y las medidas implementadas para mitigarla, las incertidumbres y la desconfianza, todo ello ha impactado negativamente en la salud mental de los individuos y el mismo estado se encargo de que la gente mas pobre tuviera menos oportunidades de acceso a por lo menos una comida al día y con ello socavo el bienestar social y económico de la población en general, por todo esto era previsible y se menciono una y otra vez que se iba a aumentar la prevalencia de los trastornos psiquiátricos, como la ansiedad y la depresión, o el enorme diferimiento que se dio en las citas de control de enfermedades como diabetes, hipertensión arterial y demás enfermedades crónicas o empeorando la enfermedad de algunas personas que ya sufrían tales trastornos, del personal sanitario y de las personas que desempeñan trabajos esenciales, mismos que dejaron solos, hasta hoy dia el 25% del total de personas fallecidas es personal medico, y no vemos que a las autoridades les importe.
También de muchas otras categorías de trabajadores y trabajadoras afectados indirectamente por la pandemia debido a las restricciones y los despidos por pérdida de viabilidad económica de los negocios durante los confinamientos. Todo esto en el marco de una enfermedad que nos enseño la fragilidad del entorno en que vivimos y seguimos aun así sin cuidar el medio ambiente, sin cuidar nuestra agua y sin entender que este planeta no es de nosotros ni somos sus dueños

LOS PROBLEMAS DE DURANGO

 Durango enfrenta diversos problemas que afectan su desarrollo social, económico y ambiental en el contexto actual. Estos desafíos reflejan ...